sábado, 3 de diciembre de 2011

Aborto, no "IVE"

El nuevo y fatídico "Código de Ética y Deontología Médicas" emplea el término demagógico de "interrupción voluntaria del embarazo" para referirse al aborto. La expresión IVE (interrupción voluntaria del embarazo) creo que es espantosa, y debemos desterrarla del vocabulario.

Es impresionante la cantidad de demagogia que hay en esa palabra:

Interrupción: el aborto es terminación, no interrupción

Voluntaria: nadie se plantea abortar como algo que quiere hacer en su vida.
La de abortar es una idea que suele venir acompañada por la coacción o por un momento de confusión total, en una situación de debilidad personal. Además, casi siempre se da en un contexto de ocultación de la realidad y consecuencias del aborto.


Del embarazo: lo que importa que se termine no es el embarazo, sino el niño. El embarazo es el proceso fisiológico. Decir que lo que se acaba es el embarazo es un eufemismo, señalando que se elimina el proceso que mantiene la vida en lugar de señalar que se elimina el ser que vive. Es como decir que matar a alguien con una inyección letal es detener su latido cardiaco.

Por eso repudio con todas mis fuerzas la expresión "IVE". Ese término está lleno de mentiras; es la quintaesencia del abortismo y su demagogia letal.

Eso es el abortismo: una gran mentira. La realidad lo delata continuamente.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

"El dique ético está cediendo" (María Martínez en "Alfa y Omega")

Según el nuevo Código, lo ético es esto:
"Señora, su hijo puede tener síndrome de Down.
Tiene usted derecho a abortarlo".

Aquí se puede acceder a un artículo breve y muy clarificador sobre el nuevo Código de Etica Médica, publicado en el semanario católico Alfa y Omega.

Creo que esto es muy acertado: el dique ético está cediendo, efectivamente.
Se ha empezado a plasmar, en este Código, el paso que viene proponiendo la agenda abortista de la OMS y Planned Parenthood. La mostró abiertamente la OMS en su boletín nº78, ya en el 2000: el siguiente paso tras la liberalización del aborto es eliminar los obstáculos que, según la propia OMS, suponen un obstáculo al aborto rápido y seguro: las autorizaciones de otros que no sean la propia mujer y la objeción de conciencia de los médicos (pág 283: "who decides and when"): http://www.who.int/bulletin/archives/78%285%29580.pdf
También se habla, en estos medios, de penalizar la "imposición de la propia ideología o creencias" (así se llama a la educación sexual y sanitaria) por parte del médico al hablar de aborto, anticonceptivos, esterilización o relaciones sexuales, y así se ha transcrito en el Código, usando la misma terminología. Especialmente, las actividades en este sentido y alegaciones del Colegio de Médicos de Madrid, que aún quería ir más allá en esta agenda, muestran que está actuando como promotor de las políticas de Planned Parenthood y la OMS. La actual Ministra de Sanidad, Leire Pajín, fue precisamente la introductora principal de la agenda abortista designada hace años por Planned Parenthood en España, como lo son Mónica Roa y otras en Hispanoamérica.
Si no fuera por este Código, la objeción incluso a entregar el sobre de información para abortar ya estaba empezando a ser ganada por los médicos en los tribunales (el TS de Castilla-La Mancha suspendió cautelarmente la aplicación de la norma que obligaba a la entrega del sobre en esta comunidad, y este ha sido el motivo pricipal de que el Colegio de Toledo recurriera el artículo 55, pues perdió en la OMC lo que iban ganando en los tribunales). De hecho, ya tenemos noticia de coacciones efectivas a la objeción de conciencia a entregar el sobre o cuestiones similares, citando el nuevo Código. Y sobre todo, se está extendiendo la idea de que la objeción a practicar directamente el aborto es lícita, pero que cualquier otra objeción a participar indirectamente en un aborto no tiene sentido, ni siquiera ético.
Sin embargo, un bloque importante de médicos y farmacéuticos provida, con indudable buena intención, han defendido este Código, con argumentos a mi juicio endebles y alejados de la práctica real, mientras el resto de profesionales sanitarios que trabajamos desde hace años en este campo comentamos perplejos lo que está pasando. Me temo que alguien ha tomado una decisión equivocada e inoportuna, y su liderazgo ha condicionado a muchos, provocando una fractura en la causa provida a nivel profesional. Afortunadamente, ya son bastantes los que se van dando cuenta de este error.

domingo, 2 de octubre de 2011

Carta abierta a los profesionales pro-vida

 

Estimados compañeros médicos, enfermeros, farmacéuticos, etc., que colaboráis en la defensa de la vida prenatal a nivel profesional:

Os escribo porque quiero transmitiros mis impresiones sobre algunas cuestiones que considero críticas para la defensa de la vida y la conciencia profesional en este momento concreto. Algo muy ilustrativo sobre lo que quiero decir es lo que está sucediendo con el nuevo Código de Ética y Deontología Médica. Este nuevo Código, aprobado por la Organización Médica Colegial con procedimientos fraudulentos y faltos de la más elemental transparencia:

- Se abona en su preámbulo a la falsa “ética” de mínimos.


- Redefine lo que es un acto médico, dando ahora cabida al aborto, la esterilización, etc.
 
- Deroga todos los documentos colegiales anteriores sobre ética, haciendo “tabula rasa” y empezando una nueva ética.
 
- Obliga éticamente (!) al médico a informar sobre el aborto a la embarazada, uno de los temas candentes en medicina familiar y en ginecología, donde este punto se traduce en obligación de ofrecer el aborto ante un diagnóstico que otorgue derecho legal a ello. Incluso niega el derecho a la objeción de conciencia en este punto.

 - Reconoce acríticamente el aborto como derecho de la mujer.

 - Deslegitima éticamente (!) al médico que trata de disuadir del aborto a la embarazada (lo que hacen los ginecólogos provida), o que trata de formar en una sexualidad responsable, como si eso fuera una imposición de su propia ideología, y no actuar de acuerdo al ethos de la profesión médica, apoyado a su vez en la evidencia científica, que es lo que es.

-Afirma peligrosamente que no existe derecho a la objeción institucional, lo cual va a ser malinterpretado, porque además no defiende la autonomía de instituciones sanitarias que quieran seguir un ideario acorde a la ética y deontología médicas en un entorno legal hostil como el que tenemos.


En definitiva, y sobre todo al consolidar el ofrecimiento del aborto como obligación ética para el médico, este Código elimina expresamente el derecho a la objeción de conciencia en este punto y convierte la cooperación con el mal no ya en imperativo legal, sino en imperativo moral, yendo mucho más allá de lo que va la propia ley Aído.


Pues bien, me preocupa muchísimo que ni comisiones deontológicas colegiales, ni cátedras universitarias de Bioética, ni la Real Academia Nacional de Medicina, ni muchos colectivos profesionales estén reaccionando frente a este Código, sino que se estén convirtiendo en cómplices con su silencio. Me parece que la mayoría de los que han intervenido en su discusión y aprobación, incluso médicos cristianos y provida, se han tragado la píldora dorada de un Código con algunos principios preciosos, pero con un desarrollo nefasto en sus concreciones y aplicaciones, que va a tener repercusión jurídica y social afectando a la práctica médica, farmacéutica y de todas las profesiones sanitarias, porque deja inermes y amedrenta a los profesionales.

Creo que las personas, asociaciones e instituciones que defendemos la vida estamos especialmente llamados a actuar firme y decididamente frente a esto. Otros están cediendo: se están dejando domesticar por el mal, tras años y años de lucha en la causa provida. En este momento, en que tantos ataques recibe la causa provida, y cabe la tentación de la desesperanza y de pensar que todo ha sido un fracaso, precisamente es el momento en que con mayor razón hay que mantenerse firmes en la exigencia de lo que sabemos justo, independientemente del mayor o menor “éxito” que esperemos alcanzar con ello.


También es un peligro para nuestro testimonio provida que dejemos de denunciar la injusticia del aborto para el ser humano que muere, para señalar exclusiva o fundamentalmente sus efectos adversos para la mujer o cuestiones de salud pública. Hablar de estos otros problemas es una buena estrategia complementaria, por supuesto, pero manteniendo siempre en primer término el firme testimonio de nuestra preocupación ética y profesional por la vida humana prenatal. Es claro que esa posición supone cada vez más sinsabores y rechazos, quizá incluso la pérdida de un vano prestigio en nuestro entorno profesional, pero creo que precisamente hemos de mantener un un entorno colectivo en el que nos sintamos acompañados en esa lucha, a veces dura, en nuestro puesto de trabajo.


Veo que hay otros compañeros que piensan como yo en estos temas, y que también están preocupados por lo que ven a su alrededor, incluso entre profesionales que defienden la vida prenatal y que han estado trabajando mucho y bien en ese sentido, hasta ahora. Yo soy muy “amigo” de San Ignacio de Loyola, que decía en sus Ejercicios una frase que es aplicable a muchas facetas de la vida: “en tiempo de desolación, no hacer mudanza”. Hoy arrecia el ataque contra la vida de los más pequeños e indefensos, se multiplican las presiones para que participemos “ligeramente” en actividades contra la vida o miremos para otro lado, y muchos caen en la tentación de ceder “un poquito” bajo pretexto de no ser “demasiado radicales” para no quedar fuera de juego y mantener buenas relaciones con aquellos que pueden ayudarnos, o bien por una estrategia contraproducente y equivocada. Por ejemplo, dando a las embarazadas el sobre con información para abortar, aceptando protocolos de screening prenatal cuyo fin es el aborto eugenésico, pidiendo un “uso racional” de un producto abortivo como la píldora del día después, aceptando el mencionado Código sin denunciarlo ni presentar batalla contra él o proclamando incluso el respeto a la "libertad de la mujer" (para matar o no a su propio hijo).


Por el contrario, hoy es precisamente el momento para que nosotros nos mantengamos firmes con el testigo provida que hemos recibido. Junto a la doctrina de la Iglesia Católica, el auténtico testimonio provida ha representado durante décadas el escollo para una deriva total hacia la inmoralidad, constituyendo una llamada a la conciencia sobre el valor sagrado de la vida del hombre, en toda circunstancia y fase de su desarrollo, porque todo ser humano ha sido creado por Dios a su imagen y semejanza, y rescatado a precio de la sangre de Cristo. Digo esto porque, desde hace unos años, circulan ideas y escritos muy equivocados y alejados de la realidad, sobre el supuesto fracaso del empeño provida y la necesidad de “cambiar de estrategia” para –según se dice- lograr el mismo fin. Estos mensajes, que se acompañan con una interpretación sesgada de lo que ha sido y es la labor provida, me temo que están confundiendo a muchos en España. En realidad, no existe tal fracaso provida –todo lo contrario-, y las “nuevas” estrategias (señalar claramente los perjuicios para la mujer y para la salud pública, etc.) son imprescindibles, pero deben sumarse y apoyar el testimonio provida fundamental, nunca sustituirlo, ni siquiera difuminarlo o eclipsarlo; eso sería un gran error. El límite de toda estrategia provida, que puede ser muy lícita y hasta necesaria en algunas ocasiones, es no ningunear jamás la vida del inocente que muere. En ocasiones es difícil encontrar la forma más adecuada de hacerlo, es cierto. Como nos enseñó Juan Pablo II, hay hechos tan graves que no es posible callarlos. Si lo hacemos, abonamos la idea de que... en el fondo, no son… tan relevantes.


A nosotros nos corresponde ahora ofrecer íntegro nuestro testimonio profético a favor de la vida de los más indefensos.


Un fuerte abrazo, mucho ánimo y muchas bendiciones.

Emilio J. Alegre del Rey
Farmacéutico hospitalario

viernes, 22 de julio de 2011

CULPABLES DE SILENCIO.- El nuevo Código de Ética Médica atenta contra la vida prenatal (III)


 "Los verdaderamente malos son pocos, lo más peligroso es la gente corriente" (Primo Levi)  

  "2.‐ El médico que legítimamente opte por la objeción de conciencia, a la que tiene derecho, no queda eximido de informar a la mujer sobre los derechos que el Estado le otorga en esta materia" (en referencia al aborto; artículo 55 del nuevo Código de "Ética" "Médica", la mayor infamia colectiva de la Medicina española en toda su historia).


Dicen que los corderos enmudecen cuando los envían al matadero. En cambio, demasiados humanos enmudecen y colaboran cuando otros son enviados al matadero, con tal de que no les toque a ellos, de mantener sus privilegios o de no "señalarse", como suelen decir los cómplices en nuestro país. No son corderos, ni siquiera borregos, porque en el caso de los médicos, que tienen obligación y profesión de proteger la vida humana, su responsabilidad es mucho mayor.

Cobardía es lo que han demostrado las docenas de médicos que, desde la Presidencia de los Colegios, desde las Comisiones Deontológicas provinciales y desde la propia Comisión Deontológica de la Organización Médica Colegial, han colaborado con su anuencia y su silencio a que se apruebe un Código de "Ética" "Médica" que convierte a los médicos que no recurran a la desobediencia civil en otra cosa, porque les obliga a ofrecer el aborto a las embarazadas que estén en situación de hacer uso legal (que no legítimo) del mismo. Ni siquiera la Real Academia Nacional de Medicina se ha pronunciado a tiempo, ni ha protestado públicamente por no ser consultada, como sería imprescindible en un hecho de esa naturaleza. Tampoco las cátedras de Bioética han intervenido. Muchos se han tragado sus propias palabras durante años, cuando declaraban valientemente que el aborto no es un acto médico, para ahora no sólo callarse, sino decir y refrendar que ofrecer el aborto a una embarazada es éticamente obligatorio para un médico. Con eso, la palabra "médico" en España parece que va perdiendo su significado... y su respetabilidad. Con su silencio, acaban de perpetrar la mayor infamia de la historia de la Medicina española.

"Permanecer en el silencio es ser cómplice" (Albert Camus)

No sólo han colaborado con su silencio, sino que se han avenido a silenciar a la fuerza a todos sus colegas médicos, ocultándoles un borrador que tenían derecho a conocer y a discutir. Y no sólo a ellos: nos lo han ocultado a toda la sociedad, como si la ética médica sólo fuera cosa que interesa a la cúpula de las organizaciones colegiales. Nos han engañado a todos, callando y no avisándonos del borrador de código que se nos venía encima. Nos hemos enterado por la prensa y cuando ya apenas había tiempo de nada. Eso es una verdadera traición. Los médicos se han desayunado con un nuevo código que trastoca completamente sus funciones en la sociedad, y que les coloca  a los pies de los caballos de los abortistas: o colaboran con el aborto, o se podrán ver denunciados y enjuiciados, y el Código que sus dirigentes han aprobado se citará en su contra. Dice el Presidente de la Organización Médica Colegial: "no queremos héroes". No, ahora lo que tendrán no serán héroes, sino mártires, dado que "martyr" significa "testigo": aquellos que quieran seguir siendo médicos, dando testimonio de lo que eso significa; no como ellos, que han hecho dejación de su profesión. Sí: podrán seguir ejerciendo la medicina o algo que se le parece externamente vestidos con una bata, pero han dejado de ser médicos, porque han dilapidado la dignidad y confianza que merece su profesión. Sus batas están manchadas de sangre inocente. 

Lo único que se necesita para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada" (Edmund Burke)

Me cuesta escribir esto, porque estoy siendo duro con personas que siempre han defendido la vida y que no se han dado cuenta realmente de la barbaridad en la que acababan de participar. Me duele publicarlo, porque yo les admiro, y no estoy ni de lejos a su altura. Pero es la realidad, y hay que denunciarlo con claridad, porque casi sin darse cuenta, deslizándose por la pendiente resbaladiza de la inmoralidad, es como se llega a la barbarie: poco a poco, paso a paso, día a día, casi sin darse cuenta. Si no despertamos y nos esforzamos por salir de ella, al final nos sorprenderemos, como aquel juez juzgado en la película sobre Nüremberg, encarnado por Burt Lancaster, que no entendía cómo se pudo llegar al exterminio de millones de personas. Y alguien, parafraseando a aquel Spencer Tracy de la gran pantalla, nos tendrá que recordar:  


"Se llegó el mismo día que usted condenó a un médico que no quería ofrecer el aborto, sabiendo que él actuaba bien".


Como no podía ser de otra forma, los cambios en este Código no vienen acompañados de argumentos éticos, sólo de votos. Se han asumido acríticamente los postulados de la Ética de Mínimos, una doctrina anti-filosófica que sólo es aceptada en círculos socialistas, según la cual está bien lo que la mayoría cree que está bien. ¿Por qué es bueno aceptar ahora el asesinato de los que van a nacer como acto médico que el facultativo debe proponer? Por mayoría, no por ningún razonamiento. Lo que antes era inmoral, ahora es obligatorio. Por mayoría. Por mayoría y sin argumentos, lo mismo que se aprobaron las leyes nazis. En realidad, con esto, la OMC española se ha convertido en la analogía actual de aquel Bundestag. ¿A nadie se le ha ocurrido exigir que se justificasen éticamente los cambios en lugar de limitarse a votarlos? ¿Ni han estimado oportuno informar a sus colegas y a toda la sociedad de la barbarie que estaba camino de perpetrarse desde hace meses? ¿Ni han tenido lo que hay que tener para salir a la palestra y denunciar esta canallada? Y han tenido que hacerlo en pleno verano, cuando la mitad está de vacaciones y la otra mitad presta poca  atención a las noticias.

¿Cómo se explica, ética y científicamente que un médico tenga obligación ética de ofrecerle matar a su hijo a una embarazada? Porque esto es lo que han aceptado sin rechistar. Se queda uno sin palabras, sin rubor, al denominar lo que acaban de hacer. Quizá no se den cuenta aún, pero acaban de firmar su ingreso en los anales de la infamia.

Los líderes de la Medicina española se suman así a la lista de grandes cobardes de la historia, como aquellos jueces juzgados en Nüremberg, que firmaban sentencias injustas para no señalarse. Muchos de estos médicos españoles llevaban años defendiendo la dignidad profesional contra el aborto, pero han enmudecido, o se han conformado con que el Código tenga otras cosas que les gustan, frente al "pequeño detalle" de que están obligando a sus colegas -¡alegando para ello la ética!- a ofrecer el aborto a las embarazadas. Mayor perversión no cabe: han elevado el mal al rango de imperativo moral. Si no se dan cuenta, es que están ciegos.

Han vendido a sus colegas y a los inocentes, ellos sabrán a cambio de qué. El Colegio de Médicos de Madrid ha sido el más beligerante en las alegaciones, asumiendo totalmente los postulados de la ONG multinacional del aborto, "Planned Parenthood" y su pantalla en España, Leire Pajín. El de Barcelona lleva años haciendo lo mismo tras su heroína particular, Marina Geli. Pero, ¿y los demás, qué han ganado? Me temo que no se han señalado a cambio de evitar un disgusto. Sí, "los malos" que trataban de imponer ese código eran pocos, pero los que de verdad han hecho el daño han sido ellos, "los buenos". ¡Qué razón tenía Primo Levi...!

Pero aún están a tiempo, aunque sea dando un testimonio individual. Una vez, una carmelita coreana me enseñó un libro sobre los inicios de la fe en su país. Hubo miles de mártires. El que más me impactó fue un hombre que, llevado ante el juez por ser cristiano junto con otros muchos, se acobardó y renegó de Cristo, con lo que fue liberado. Una vez en casa, se arrepintió y pensó volver al tribunal. Saliendo a la calle, se encontró con el juez que le había liberado, que venía de vuelta, cansado tras el arduo trabajo de masacrar inocentes. Le dijo que él era cristiano, y que se arrepentía de haber renegado de Cristo. El juez mandó detenerlo de nuevo y fue martirizado, como los demás.

Creo que como colectivo, los médicos españoles han fracasado, dan vergüenza. Para ser médico, a partir de ahora, hay que arriesgarse a la desobediencia civil, puesto que la objeción de conciencia ha quedado eliminada, por la traición de los encargados de garantizarla. Como en Suecia, los estudiantes con verdadera vocación médica tendrán que plantearse hacer otras carreras. Y ha llegado la hora de los mártires de la Medicina española.

Pablo Simón, designado como director de la nueva "Estrategia de Bioética de Andalucía"


Pablo Simón -estuve en un curso suyo que nos obligaron a hacer a todos los profesionales del hospital- es un defensor de la "Ética de Mínimos", corriente pseudo-filosófica ideologizada, propugnada en España por Adela Cortina -discípula de Aranguren- en su libro "Ética Mínima". Esta corriente nació para construir una "ética" que se opusiera a la denuncia provida, solventando sus argumentos lógicos y basados en la evidencia científica. Llamada por otros -incluso en el ámbito de la docencia católica- "Ética Ciudadana", es el origen de la asignatura adoctrinadora "Educación para la Ciudadanía", y el sustrato de la dialéctica de Zapatero, Pajín y Rubalcaba en este tema. Su postulado principal se cita en la introducción del nuevo y fraudulentamente impuesto "Código de Ética y Deontología Médicas", ya impugnado por impedir la objeción de conciencia del médico a ofrecer el aborto.

Según la Ética de Mínimos, sólo es exigible éticamente lo que en cada momento histórico es compartido por todos. Si unos piensan que hay que respetar al embrión y otros no, no es exigible éticamente tal respeto. No es cuestión de debate filosófico sobre la base de la evidencia científica, sino de mínimo común denominador ético. De ahí el nombre de "ética de mínimos", o "ética mínima".

Eso, además, es en realidad una anti-Ética, porque si la ética se identifica con la costumbre, la ética ya no sirve para ejercer la crítica de la costumbre. Deja de ser una disciplina filosófica. Esto me parece lo más reprobable del pensamiento de Pablo Simón, que dirige el máster de bioética de la Escuela Andaluza de Salud Pública, y también participa como profesor en el máster de bioética de la Cátedra de Teología de Granada. Es un firme defensor del aborto y la eutanasia, y ha participado en la elaboración de las leyes andaluza y española de "muerte digna". También es el representante andaluz del comité estatal de Bioética.

jueves, 23 de junio de 2011

El borrador del nuevo Código de Ética Médica es una amenaza para la vida prenatal (II)

LA AGENDA ABORTISTA SE INTRODUCE EN EL CÓDIGO ÉTICO

Creo que ya tenemos una imagen clara de lo que está pasando: la presidencia de la OMC se ha avenido a introducir en el Código Ético la agenda abortista y antinatalista, a cambio del acuerdo con el Gobierno ZP de mantener la colegiación obligatoria. La agenda es ésta:

- reconocimiento del aborto y la esterilización como derecho, que en caso de conflicto prima éticamente sobre cualquier otra consideración.

- obligación de los médicos de ofrecer el aborto y la esterilización en todas las circunstancias en que haya posibilidad de hacerlo.

- persecución administrativa y judicial de aquellos médicos que no ofrezcan el aborto, la esterilización o se opongan a ellos por cualquier medio.

Con esto, el Código cae en contradicciones internas evidentes, porque como principio se opone al aborto y defiende la objeción de conciencia, pero en su desarrollo hace todo lo contrario. Y esto es lo que busca la agenda abortista, expresa en el Boletín nº78 de la OMS: impedir que ninguna otra consideración, ni siquiera la conciencia del médico, pueda obstaculizar o entorpecer la extensión y práctica del aborto, considerada como derecho.

En Julio, este Código va a ser votado en Asamblea de la OMC: si los representantes de los Colegios provinciales y sus Comités éticos (hay uno en cada colegio) continúan el dontancredismo en el que permanecen instalados, el Código se aprobará, y nos encontraremos que un médico que no ofrezca el aborto estará faltando a la "ética" profesional. Al menos, a la "ética" que contempla este Código.

En definitiva, la inacción y cobardía de muchos está poniendo en peligro el fundamento ético de toda una profesión y la vida de los inocentes. Ya lo dijo Primo Levi: "los verdaderamente malos son pocos, lo más peligroso es la gente corriente".

¿Qué se puede hacer? Manifestar nuestra disconformidad a la OMC, a todos los colegios de médicos provinciales y a nuestras sociedades profesionales, que participarán en la Asamblea, para que no acepten este Código infame para la Medicina española.

jueves, 9 de junio de 2011

El borrador del nuevo Código de Ética Médica es una amenaza para la vida prenatal

 Estoy preocupadísimo con el borrador de nuevo Código Deontológico. A mi entender, es la amenaza más grave que hemos sufrido en los últimos años. Con el "caramelo" envenenado de aparentemente defender la objeción de conciencia médica, el nuevo código prohibirá al médico actuar de forma que no se respete el "derecho" a la "interrupción voluntaria del embarazo". Claro, esto supone de hecho un reconocimiento explícito del aborto en el Código ético, y va a tener consecuencias legales evidentes, ya que en muchas situaciones se podrá conminar al médico a colaborar en el aborto para no lesionar el "derecho" de la mujer.

Ahora mismo, los presidentes de 52 colegios provinciales tienen un borrador en fase de alegaciones, con un sello de "confidencial" y que no pueden fotocopiar hasta que se apruebe definitivamente el texto. Este procedimiento secretista contraviene todos los principios que rigen la aprobación de un Código deontológico modificado. Pero ya hay médicos que lo han pedido y se lo han denegado "porque está en fase de alegaciones".

Me parece una amenaza tremenda, que muchos no se dan cuenta del peso que tiene. La ofensiva legal de la OMS pretende precisamente obligar a los médicos a colaborar para no cercenar el "derecho" de la mujer. El borrador del Código incluso les obliga a informar a la mujer sobre su "derecho" al aborto (bestialidad que va en contra de todas las declaraciones de los Colegios médicos, que hasta ahora no reconocían el aborto como acto médico, todo lo contrario). Y por la prisa que se están dando (el presidente de la OMC está explicando esto en secreto con gran laboriosidad), podría ser aprobado de forma inminente, con el silencio de muchos que creen que la nueva modificación les va a beneficiar porque reconoce (esa es la apariencia que da) la objeción de conciencia.

Adjunto algunas referencias a este problema:
http://www.simeg.org/noticiasanteriores ... 2-11-2.pdf
http://medicablogs.diariomedico.com/com ... p?id=34885
Esta es sobre lo que pueden hacer los médicos: http://medicablogs.diariomedico.com/com ... p?id=34978

jueves, 26 de mayo de 2011

Se presenta en Cádiz el PROYECTO DAVID

Iniciativa cristiana de ayuda a la embarazada

Cádiz, 26.5.2011

Un grupo de hombres y mujeres con experiencia en la ayuda a mujeres embarazadas componen el Proyecto David. La iniciativa, que cuenta con la bendición del Obispo de Cádiz, fue presentada ayer en el salón parroquial de San José por Rocío Illana, Maribel de la Marta, Aurora Claver y Alicia Fernández Bravo. Con un fundamento cristiano y con la oración como origen y sustento de toda su actividad, el proyecto se propone llevar el amor de Dios a las mujeres embarazas en situaciones difíciles y con riesgo de someterse a un aborto, proteger la vida prenatal y ayudar a las mujeres que han abortado a recomponer su integridad psicológica y espiritual. Otros aspectos de su labor son la concienciación sobre el valor sagrado e irrepetible de toda vida humana y sobre el daño que supone el aborto para la mujer, su entorno y para toda la sociedad, así como la formación integral en sexualidad y afectividad de los jóvenes.

En la reunión se presentó públicamente este proyecto, compartiendo testimonios de ayuda a mujeres embarazadas en situaciones complejas, por abandono de su entorno social y familiar, presiones de su pareja o de sus padres, coacciones laborales, etc. A esto se unen problemas como el paro, la pobreza y la inmigración. También se comentaron casos de ayuda a mujeres muy afectadas anímicamente tras un aborto provocado.

El acto sirvió para explicar y difundir las posibilidades de colaborar en este proyecto, desde la oración -parte fundamental del mismo- hasta la atención personal a las mujeres, la asistencia para cubrir las necesidades que tienen de ropita, pañales, cuna, cochecito, orientación laboral, etc., o la propia difusión del proyecto en parroquias, asociaciones y medios de comunicación. Los convocantes agradecieron la representación en este acto de los delegados de pastoral familiar y de Cáritas Diocesana, que mostró su disponibilidad para colaborar en orientación laboral y otras necesidades. El Centro de Orientación Familiar del Obispado de Cádiz presta sus instalaciones en tanto se encuentra un local donde atender a las mujeres. Otras asociaciones como Virgen de Valvanuz o Madre Coraje vienen colaborando con ayuda a demanda para estos casos.

Asimismo, el proyecto cuenta con la valiosa ayuda de algunos profesionales (ginecólogo, psicóloga, farmacéutico y abogado), y en el acto se comentó la necesidad de contar con asesores adicionales en estos y otros aspectos (trabajo social, informática, publicidad, etc.). También están colaborando farmacias que dan su apoyo con pañales y leche a precios especiales, contando con la posibilidad de concertar una colaboración para el suministro de estos productos de primera necesidad.


Estas actividades se han hecho ya efectivas en muchos casos, como el de una mujer inmigrante que dio a luz el mes pasado y otras dos que van a tener a sus hijos en los dos próximos meses.

martes, 19 de abril de 2011

Algunos tocólogos inducen cruelmente a abortar

Escribo esto porque es un caso que ya estoy harto de ver (uno tras otro). 
La semana pasada me consultaron un caso de varicela en una embarazada. El tocólogo le había dicho que se pensara abortar, que él tenía obligación de decírselo y que él en su lugar lo tendría en cuenta. Ella no paraba de llorar, el disgusto fue de campeonato. Le dije cuánto era el riesgo de malformaciones (1,6%; él no le había dicho nada; ella se figuraba que era casi seguro que tendría un monstruo) y le expliqué que, aun de ese riesgo, parte eran afecciones leves y otras más graves. De todas formas, ella no pensaba abortar, pero el disgusto y la confusión fueron tremendos. Afortunadamente, fue a ver a otro médico y le dijo exactamente lo mismo que yo, números incluidos, y ya se tranquilizó.
Estas cosas son espantosas, pero están a la orden del día; ¡son muy frecuentes, tanto con estas patologías infecciosas como con la toma de medicamentos! Ya he conocido varios casos de mujeres que no paraban de llorar y que acabaron abortando porque se sentían "obligadas" por su médico, con riesgos de este tipo o incluso mucho menores. Una de ellas llevaba muchos años esperando un hijo, fue un caso trágico que conocí cuando ya no tenía arreglo; el riesgo era menor del 1%. 

Otro tanto ocurre con los riesgos de malformaciones; se recomienda abortar cuando ni siquiera se ha demostrado una afección irreversible. Se está induciendo activamente a las mujeres a abortar. Es increíble, pero cierto. A muchas se les aconseja abortar contra su voluntad, por riesgos bajísimos. Los médicos implicados dicen siempre que es su obligación proponer el aborto; no acabo de entender si es hipocresía y crueldad o si puede haber tantas personas tan tontas y manipulables como para creer que esa es su obligación. 
La bibliografía internacional sobre medicamentos en embarazo está ya plagada de casos en que la mujer abortó con un riesgo bajísimo de malformaciones y la autopsia mostró que el niño estaba sano.

Sería necesario denunciar esto y publicar algo de asesoramiento jurídico para los médicos, porque estoy seguro de que ellos en ningún caso tienen obligación legal de proponer el aborto. La comisión deontológica del Colegio o las asociaciones profesionales deberían tomar cartas en este asunto; esto es un genocidio terrible y un daño espantoso para muchas mujeres.

jueves, 24 de marzo de 2011

La conversión pro-vida de Abby Johnson según sus propias palabras



"La ecografía que cambió mi vida"
Cheryl asomó la cabeza en mi oficina. «Abby, necesitan que vuelva una persona extra a la sala de examen. ¿Estás libre?».
Sorprendida, levanté la vista de mis papeles. «Claro».
A pesar que había estado con Planned Parenthood durante ocho años, nunca había sido asignada a la sala de examen para ayudar al equipo médico durante un aborto, y no tenía idea por qué me necesitaban ahora. Las enfermeras de profesión eran las únicas que ayudaban en los abortos, no otro personal de la clínica. Como directora de esta clínica en Bryan, Texas, en un apuro yo podía reemplazar a alguien en cualquier puesto, excepto, por supuesto, a los médicos o enfermeras que realizan procedimientos médicos. En unas pocas ocasiones estuve de acuerdo con el pedido de una paciente para permanecer con ella y sostener su mano durante el procedimiento, pero sólo cuando yo había sido la consejera que había trabajado con ella durante la ingesta y el asesoramiento. Ese no era el caso hoy. Por eso me pregunté: ¿por qué me necesitan?
El abortista que estaba hoy de visita había estado aquí en la clínica Bryan sólo dos o tres veces antes. Él tenía un consultorio privado para abortos a unos 250 kilómetros de distancia. Cuando yo hablé con él sobre el trabajo varias semanas antes, él me había explicado que en su propio establecimiento sólo se hacían abortos guiados por ecografías, que es el procedimiento de aborto con el menor riesgo de complicaciones para la mujer. Dado que este método permite al médico ver exactamente lo que está pasando en el interior del útero, hay menos posibilidades de perforar la pared uterina, que es uno de los riesgos del aborto. Yo respetaba eso de él. Esto es lo máximo que se podía hacer para mantener a las mujeres seguras y saludables, lo mejor en lo que a mí respecta. Sin embargo, yo le expliqué que esta práctica no era el protocolo en nuestra clínica. Él entendió y dijo que respetaría nuestro procedimiento típico, aunque se había acordado que él tendría la libertad de utilizar la ecografía si se encontraba en una situación particular que lo justificara.
Que yo sepa, nosotros nunca habíamos hecho abortos guiados por ecografías en nuestras instalaciones. Hacíamos abortos sólo cada dos sábados, y la meta asignada en esos días por nuestra afiliada Planned Parenthood era realizar 25 a 35 procedimientos. Nos gustaba concluir en torno a las 2 p.m. Nuestro procedimiento típico tardaba casi 10 minutos, pero una ecografía agregaba unos cinco minutos, y cuando estás tratando de programar hasta 35 abortos en un día, esos minutos adicionales se suman.
Por un momento sentí repugnancia fuera de la sala de examen. Nunca me gustó entrar en esta habitación durante un procedimiento de aborto, ya que nunca acepté lo que sucedía detrás de esa puerta. Pero ya que todos teníamos que estar listos en cualquier momento para arrimar el hombro y hacer el trabajo, abrí la puerta y entré.
La paciente ya estaba sedada, aún consciente pero aturdida, la luz brillante del médico cayendo sobre ella. Ella estaba en posición, los instrumentos estaban prolijamente dispuestos en la bandeja, al lado del médico, y una enfermera profesional estaba colocando la máquina de ecografías al lado de la mesa de operaciones.
«Voy a realizar un aborto guiado por ecografía en esta paciente. Te necesito para mantener la sonda del aparato», me explicó el médico.
Cuando tuve la sonda del ultrasonido en la mano y ajusté la configuración de la máquina, yo discutía conmigo misma: no quiero estar aquí. No quiero participar en un aborto. A decir verdad, era una actitud equivocada, ya que yo necesitaba mentalizarme para esta tarea. Respiré hondo y traté de sintonizar la música de la radio, que sonaba suavemente en el fondo. Es una buena experiencia de aprendizaje – Nunca antes he visto un aborto guiado por ecografía, me dije. Tal vez esto me ayude cuando aconseje a las mujeres. Voy a aprender de primera mano acerca de este procedimiento más seguro. Además, estaré afuera en tan sólo unos minutos.
Yo no había imaginado cómo los siguientes 10 minutos sacudirían los cimientos de mis valores y cambiarían el curso de mi vida.
Ocasionalmente, yo había efectuado antes diagnósticos con ecografías para las clientes. Éste era uno de los servicios que ofrecíamos para confirmar el embarazo y estimar qué tan avanzado estaba. La familiaridad de preparar para una ecografía calmó mi inquietud por estar en esta sala. Apliqué el aceite en el vientre de la paciente, y luego maniobré la sonda del aparato hasta que se vio en la pantalla el útero y ajusté la posición de la sonda para captar la imagen del feto.
Yo estaba esperando para ver lo que había visto en ecografías anteriores. Por lo general, dependiendo de lo avanzado que estuviera el embarazo y de la forma que el feto movía, primero sea veía una pierna, la cabeza o alguna imagen parcial del torso, por eso tuve que maniobrar un poco para obtener la mejor imagen posible. Pero esta vez la imagen era completa, es decir, pude ver el perfil completo y perfecto de un bebé.
Se ve como Grace a las 12 semanas, pensé sorprendida, recordando la primera visión que tuve de mi hija, tres años antes, acurrucada y protegida dentro de mi vientre. La imagen que tenía ahora frente a mí parecía la misma, sólo que más clara y más nítida. El detalle me sorprendió. Pude ver claramente el perfil de la cabeza, ambos brazos, las piernas e incluso los pequeñísimos dedos de las manos y los pies. Era una imagen perfecta.
Pero rápidamente el aleteo de la cálida memoria de Grace fue sustituida por una oleada de ansiedad. ¿Qué voy a ver? Mi estómago se puso rígido. No quiero ver lo que está a punto de suceder.
Supongo que suena extraño, viniendo de una profesional que había administrado una clínica de Planned Parenthood durante dos años, aconsejando a las mujeres en crisis, programando abortos, revisando los informes mensuales del presupuesto de la clínica, contratando y capacitando personal. Pero extraño o no, el simple hecho es que yo nunca había estado interesada en la promoción del aborto. Yo había llegado a Planned Parenthood ocho años antes, creyendo que su propósito era principalmente prevenir embarazos no deseados y, en consecuencia, reducir el número de abortos. Esta había sido sin duda mi meta. Y yo creía que Planned Parenthood salvaba vidas, las vidas de las mujeres que, sin los servicios proporcionados por esta organización, podrían recurrir a algún carnicero de la calle. Todo esto se aceleró a través de mi mente, mientras yo sostenía con cuidado la sonda en posición.
«Trece semanas», oí decir a la enfermera después de hacer mediciones para determinar la edad del feto.
«De acuerdo», dijo el doctor mirándome, «simplemente mantén la sonda en posición durante el procedimiento, así puedo ver lo que estoy haciendo».
El aire fresco de la sala de examen me dejó fría. Mis ojos estaban todavía pegados a la imagen de este bebé perfectamente formado, cuando vi como se hacía presente una nueva imagen en la pantalla. La cánula – un instrumento unido al extremo del tubo de succión – había sido insertado en el útero y se acercaba hasta situarse al lado del bebé. Se veía como un invasor en la pantalla, fuera de lugar. Mal, esto simplemente se veía mal.
Mi corazón se aceleró. El tiempo se volvió más lento. Yo no quería mirar, pero no quería dejar de mirar bien. Yo no podía no observar. Yo estaba horrorizada, pero fascinada al mismo tiempo, como un papamoscas que reduce la marcha cuando pasa al lado de algunos restos horribles de un automóvil: no queriendo ver un cuerpo destrozado, pero mirándolo lo mismo.
Mis ojos volaron hacia el rostro de la paciente, las lágrimas corrían por las comisuras de sus ojos. Pude ver que estaba dolorida. La enfermera secó el rostro de la mujer con un pañuelo de papel.
«Simplemente respire», la enfermera la alentó gentilmente. «Respire».
«Está casi terminado», susurré. Quería mantenerme concentrada en ella, pero mis ojos se zambulleron de nuevo en la imagen en la pantalla.
Al principio, el bebé no parecía consciente de la cánula. Se situó suavemente al lado del bebé, y por un instante sentí un rápido alivio. Por supuesto, pensé. El feto no siente dolor. Yo había tranquilizado a un sinnúmero de mujeres sobre esto, tal como me habían enseñado en Planned Parenthood. El tejido del feto no siente nada cuando se lo elimina. Entiéndelo, Abby. Éste es un procedimiento médico rápido y simple. Mi cabeza estaba trabajando a pleno para controlar mis respuestas, pero yo no podía eliminar una inquietud interior que rápidamente estaba llegando a la cima del horror en el momento que observé la pantalla.
El siguiente movimiento fue la sacudida repentina de un pie pequeño, en el momento que el bebé comenzó a patear, como si estuviera tratando de alejarse de la sonda invasora. A medida que la cánula lo apretaba al costado, el bebé empezó a luchar para girar y girar de inmediato. Me pareció claro que podía sentir la cánula, y que no le gustaba lo que estaba sintiendo. Y luego la voz del médico se abrió paso, provocándome un susto.
«Sonríe, Scotty», le dijo despreocupadamente a la enfermera. Él le estaba diciendo que volviera a la succión – en un aborto, la succión no está activada hasta que el médico siente que la cánula está en el lugar exacto.
Tuve un repentino deseo de gritar «¡Alto!». Quería sacudir la mujer y decirle: «¡Mira lo que le está sucediendo a tu bebé! ¡Despierta! ¡Date prisa! Haz que se detengan!».
Pero aun cuando pensaba estas palabras, vi que mi propia mano sostenía la sonda. Yo era uno de «ellos» al llevar a cabo este acto. Mis ojos se sumergieron de nuevo en la pantalla. La cánula ya estaba siendo girada por el médico, y ahora pude ver el pequeño cuerpo retorciéndose violentamente con ello. En el brevísimo momento en que el bebé se veía como si estuviera siendo exprimido como un trapo de cocina, giró y se encogió. Y luego se desplomó y comenzó a desaparecer dentro de la cánula ante mis ojos. Lo último que vi fue la espina dorsal pequeña, perfectamente formada, succionada por el tubo, y luego se fue. El útero quedó vacío, totalmente vacío.
Quedé helada, no lo podía creer. Sin darme cuenta, me desprendí de la sonda. Ésta se desplazó fuera de la panza de la paciente y se deslizó sobre su pierna. Yo podía sentir mi corazón golpeando, latiendo tan fuerte que mi cuello vibraba. Traté de hacer una respiración profunda, pero sin poder respirar hacia adentro o hacia afuera. Yo seguía mirando a la pantalla, a pesar que estaba negra, porque yo había perdido la imagen. Pero no estaba registrando nada para mí. Me sentí demasiado aturdida y sacudida para moverme. Yo escuché al médico y a la enfermera conversando en forma casual mientras trabajaban, pero sonaban distantes, como un ruido vago en el fondo, difícil de oír en los latidos de mi propia sangre en mis oídos.
La imagen del pequeño cuerpo, mutilado y aspirado, se estaba repitiendo en mi mente, y con ello la imagen de la primera ecografía de Grace, que había sido aproximadamente del mismo tamaño. Y pude recordar y oir una de las tantas discusiones que había mantenido con mi esposo, Doug, sobre el aborto.
«Cuando estuviste embarazada de Grace, ella no era un feto, sino que un bebé», dijo Doug. Y ahora esto me golpea como un rayo: ¡Tenía razón! Lo que estaba en el vientre de esta mujer hace un momento era algo vivo. No era solamente tejidos o células. Era un bebé humano. ¡Y estaba luchando por su vida! Una batalla que perdió en un abrir y cerrar de ojos. Lo que he dicho a la gente durante años, lo que he creído y enseñado y defendido, es una mentira.
De pronto sentí los ojos del médico y la enfermera sobre mí. Esto me sacó de mis pensamientos. Me di cuenta que la sonda estaba extendida en las piernas de la mujer y a duras penas pude volver a ponerla en su lugar. Pero ahora mis manos estaban temblando.
«Abby, ¿estás bien?», preguntó el médico. Los ojos de la enfermera buscaban mi cara, porque estaba preocupada.
«Sí, estoy bien». Todavía no había ubicado la sonda en la posición correcta, y ahora estaba preocupada porque el médico no podía ver el interior del útero. Mi mano derecha sostenía la sonda, y mi mano izquierda estaba cautelosamente puesta en el vientre cálido de la mujer. La miré a la cara, en la que había más lágrimas y una mueca de dolor. Corrí la sonda hasta que recuperé la imagen del útero ahora vacío. Mis ojos viajaron de nuevo a mis manos. Las observé como si ellas no fueran las mías.
¿Cuánto daño han hecho estas manos en los últimos ocho años? ¿Cuántas vidas han sido tomadas a causa de ellas? No sólo de mis manos, sino a causa de mis palabras. ¿Y si yo hubiera sabido la verdad, y lo que le dije a todas esas mujeres?
¿Qué pasa si?
¡Yo había creído en una mentira! Yo había promovido ciegamente la «línea de la compañía» durante tanto tiempo. ¿Por qué? ¿Por qué no había buscado la verdad por mí misma? ¿Por qué yo había cerrado los oídos a los argumentos que había escuchado? ¡Oh, Dios mío, ¿qué he hecho?
Mi mano estaba todavía en el vientre de la paciente, y tuve la sensación que acababa de tomar algo de ella con esa mano. Yo le había robado. Y mi mano comenzó a doler. Sentí un dolor físico real. Y allí, de pie junto a la mesa, mi mano en el vientre de la mujer que llora, este pensamiento vino desde lo más profundo de mí: ¡Nunca más! Nunca más.
Entré en piloto automático. Cuando la enfermera limpió a la mujer, dejé la máquina de ecografías, luego desperté suavemente a la paciente, que estaba débil y atontada. La ayudé a sentarse, la senté en una silla de ruedas y la llevé a la sala de recuperación. La envolví con una manta liviana. Al igual que tantos pacientes que había visto antes, ella continuó llorando, envuelta en un obvio dolor emocional y físico. Hice mi mejor esfuerzo para hacerla sentir más cómoda.
Diez minutos, tal vez 15 a lo sumo, habían pasado desde que Cheryl me había pedido que fuera a ayudar en la sala de examen. Y en esos pocos minutos todo había cambiado. Drásticamente. La imagen de ese pequeño bebé retorciéndose y luchando se mantuvo repetidas veces en mi mente. Y la paciente: me sentía tan culpable. Yo había tomado algo precioso de ella, y ella ni siquiera lo sabía.
¿Cómo había llegado a esto? ¿Cómo había permitido que pasara esto? Yo me había comprometido a fondo, mi corazón y mi carrera en Planificación Familiar porque me preocupaba por las mujeres en crisis. Y ahora me enfrenté a una crisis que era totalmente mía.
Mirando ahora hacia atrás, en ese día de finales de septiembre de 2009, me doy cuenta de cuán sabio es Dios por no revelar nuestro futuro para nosotros. Si yo hubiera sabido entonces que estaba a punto de estar en medio de una tormenta de fuego, yo no podría haber tenido el coraje de seguir adelante. Por eso, dado que no sabía, todavía no estaba buscando ser valiente. Sin embargo, yo estaba buscando entender cómo me encontré en este lugar – viviendo una mentira, difundiendo una mentira y perjudicando a las propias mujeres a las que yo quería ayudar.
Y yo necesitaba desesperadamente saber qué hacer a continuación.
http://www.conoze.com/doc.php?doc=9226

miércoles, 16 de febrero de 2011

Aborto "preventivo"

 La varicela en una mujer gestante puede causar problemas en el niño, que puede nacer con daños neurosensoriales. Esto sucede en un 1,1% de los niños nacidos de madres que han pasado la varicela durante las semanas 0-28 de gestación.

Acabo de leer un caso muy triste y significativo. Estaba leyendo sobre el riesgo de que una persona sana enfermase de varicela contagiándose de otra persona que ha sido vacunada. Es decir, el virus atenuado de la vacuna se contagia a una persona no vacunada. Pues bien, con decenas de millones de vacunas administradas, se han documentado sólo 6 casos en los que esto ha pasado. Una fue precisamente a una mujer embarazada.

Lo más triste del caso es que esta mujer decidió abortar. Con 99 probabilidades sobre 100 de que su hijo naciera sin problemas, con el agravante de que la infección era producida por el virus atenuado de la vacuna y no por el virus salvaje, con lo que el riesgo sería aún menos, con el hecho de que no existe ningún caso documentado en todo el mundo de que haya nacido un niño con deficiencias por culpa del virus de la vacuna... esta mujer decidió abortar. Luego le hicieron un análisis al embrión: estaba sano. Quizá la presionaron para no tener que pagarle una indemnización, quién sabe, si el niño nacía con alguna malformación. No quiero echarle toda la culpa a ella -y al padre de la criatura- porque conozco el percal...

Sí, conozco el percal. Hace 10 años, cuando llegaba a mi lugar de trabajo tras una reunión, me contaron el caso de una mujer que había estado allí. Me lo contaron los administrativos que la habían atendido. Ellos pertenecían al departamento donde se daban los impresos para abortar por la sanidad pública, que afortunadamente no tenía nada que ver con el mío -trabajaba en el servicio de farmacia de atención primaria-. Ellos estaban impresionados. Una mujer había estado allí para pedir los impresos y se había echado a llorar a lágrima viva durante 20 minutos. No quería abortar, lo hacía porque el médico le había dicho que no podía hacer otra cosa. Había padecido una enfermedad infecciosa. Tenía menos de un 1% de riesgo. Y aunque el niño tuviera problemas, aunque fuese ese 1 de 100, ¿acaso es que no tenía derecho a vivir, a ser amado por su madre y su padre, a ser recibido con cariño y alegría por todos? Yo llegué 5 minutos tarde para haber podido sacar a esa mujer de su negro pozo de dolor, diciéndole sólo la verdad, animándola en lugar de hundirla, como había hecho un "médico" sin ética ni escrúpulos. Esa mujer, además, llevaba años buscando descendencia y por fin la había tenido.

Luego, he tenido noticia de varios casos similares. Por riesgos muy bajos, porque se ha tomado una medicación que en algunos casos daña al embrión, el "médico" decide que lo mejor es abortar (así se quita un peso de encima), y a los padres les parece bien. Por lo visto, un 1% de riesgo de ser "defectuoso" es suficiente para matar a un hijo. En cambio, muchas mujeres se someten a  una amniocentesis, que tiene un riesgo de matar al feto del 1%. Entonces, un 1% parece poquísimo. Diariamente se hacen cientos de amniocentesis. De cada 100, un niño muere.

¿Cuántos niños tienen que morir por la ignorancia de los padres y la falta de escrúpulos de algunos médicos?

Esta sociedad está completamente deshumanizada, porque se ha olvidado de que Dios existe y nos ha creado por amor. Él nos ama, por eso aquí no sobra nadie.

Bibliografía: MMWR 2007