miércoles, 29 de junio de 2016

Un falso "mal menor", juzgado en Nüremberg

Programa de eutanasia de Hitler
para personas con discapacidad
El "mal menor" fue aducido como justificación por algunos médicos juzgados en Nüremberg. La acusación consistía en haber seleccionado pacientes para el programa de eutanasia de Hitler. Dijeron que ellos estaban en contra del programa, y que trataron de salvar vidas. Procuraban dejar fuera de la selección para la eutanasia a todos los que podían, quizá incluso incumpliendo las instrucciones.

Pero claro, mandaron a otros a la cámara de gas. Si se hubieran negado, habrían sido sometidos a la cárcel o algo peor, y su familia habría sufrido las consecuencias. Además, habrían contratado a otros médicos, muy probablemente con menos miramientos, que habrían matado a más pacientes.

Así que, aplicando la táctica del "mal menor", desde su punto de vista, ellos consiguieron que muriesen menos ancianos, enfermos mentales, personas impedidas, etc.

Fueron condenados.

Y con razón.

Añadiré una cosa: su punto de vista estaba confundido, por ser miope. No creo que salvaran a nadie, ni siquiera que consiguieran el mal menor. Soy creyente y sé lo que hace Dios con el testimonio y el sacrificio, aunque no se vea. Eran médicos; tenían, aún si cabe, mayor deber que cualquier ciudadano, de proteger a sus pacientes y negarse a colaborar como médicos en un programa de eutanasia. No sólo colaboraron, sino que fueron escándalo para otros compañeros y ciudadanos. Quizá otros que deberían haber visto en ellos un ejemplo, vieron lo contrario, y quién sabe las consecuencias buenas que habría tenido negarse.

Sí, tenían deber de negarse y afrontar las consecuencias, testimoniando a contracorriente el valor de la vida humana y el de su profesión de médicos.

¿Estaba en su mano salvar a algunos de la cámara de gas? ¡No, en realidad, no estaba en su mano! En eso se engañaban. Porque para hacerlo, tenían que hacer algo que no estaba bien: participar como médicos en un programa criminal, impropio de ellos.

¿Dónde está el error? En que el mal menor sólo es lícito cuando no existe otra opción y la elección es inevitable. Ellos tenían tres opciones: seguir en el programa y cumplirlo (matando a muchos), seguir en el programa e incumplirlo (matando a pocos), o negarse, aunque eso supusiera dar sitio a un nuevo médico que optara por cumplir el programa y matar a más. Como nunca es lícito hacer un mal para conseguir un bien (salvar a algunos) ellos deberían haberse negado a participar.

Y estoy seguro de que las consecuencias de su sacrificio, que era un bien posible, habrían sido mayores.

Con esto, no vieron otra cosa: que de todos los males, el mal mayor era que un médico aceptara participar en una selección de sus pacientes para matarlos. Personas inocentes e indefensas, que fueron asesinados con la complicidad de los médicos. Personas infinitamente valiosas, dignas y sagradas, tratadas y consideradas como cosas inútiles que se tiran a la basura.

Es una situación en la que actuar bien habría sido enormemente heroico, y no juzgamos a estos médicos que quién sabe lo que tuvieron que pasar, pensando en sus familias. Nosotros no estuvimos en su situación. Pero sus actos sí los podemos juzgar, y fueron malos e injustos, como se concluyó acertadamente en Nüremberg. Su aplicación del "mal menor" fue errónea y maquiavélica.

Medio millón de heroicos alemanes fueron encarcelados, torturados o asesinados durante el mandato de Hitler por oponerse a sus planes.

sábado, 4 de junio de 2016

Relación del virus Zika con la microcefalia

Aspecto de un bebé con microcefalia grave y un
bebé con la cabeza normal -dibujo de Wikipedia-.
El virus Zika es trasmitido por la picadura de un mosquito del género Aedes, y la epidemia se ha extendido por muchas zonas del mundo. La infección por el virus Zika causa una gran debilidad y por el momento carece de vacuna y de tratamiento, salvo el reposo. Se está investigando su relación con la microcefalia que puede aparecer en hijos de mujeres infectadas durante el embarazo. La microcefalia es un desarrollo del cerebro del niño o niña por debajo de su tamaño normal; el cráneo crece también menos y los niños nacen con la cabeza pequeña. Suele presentarse retraso mental y dificultades en los movimientos, aunque la afectación puede variar desde formas leves a más graves.
(En la imagen, aspecto de un bebé con microcefalia grave y un bebé con la cabeza normal -dibujo de Wikipedia-).
 Un artículo de la revista New England Journal of Medicine (Johansson y colaboradores, 25 de Mayo de 2016) trata de estimar el riesgo de microcefalia en bebés nacidos de madres infectadas por el virus Zika. En la epidemia de la Polinesia Francesa, se calculó que el 0,95% de los niños nacidos de madres infectadas con virus Zika durante los tres primeros meses de embarazo (es decir, 1 de cada 105), presentaron microcefalia. Si la infección se produce durante el segundo o tercer trimestre, no se observa riesgo.
 Los autores de este nuevo artículo analizan la epidemia en Brasil. Con los resultados de Bahia, y muchas incertidumbres en los datos manejados, estiman que el riesgo podría estar en una horquilla entre 0,88% como mínimo (1 de cada 136 hijos de embarazadas infectadas) y un 13,2% en el peor de los casos (1 de cada 8 niños), siempre y cuando la infección se adquiera en el primer trimestre.Si la infección se adquiere en el segundo o tercer trimestres, el riesgo es despreciable.
 Planned Parenthood, y los defensores de intereses políticos pro-aborto, están aprovechando esta situación, con el miedo, incertidumbre y confusión -en parte, provocados-, para promover leyes favorables a la extensión del aborto en países que aún se resisten, especialmente en Hispanoamérica. Evidentemente, la solución a una epidemia no es matar a los afectados, que son personas con la misma dignidad que las demás, sino proporcionarles cuidados sanitarios, prevenir la trasmisión e invertir en desarrollar una vacuna y un tratamiento eficaces, que por el momento, no existen.
 Planned Parenthood es una multinacional abortista que se financia por intereses políticos y económicos, con dinero público de los EEUU y otros países, asi como con donaciones de grandes empresas y magnates como los Rockefeller, Ford, Gates, Coca-Cola, Rotary Club, etc. Se ha relacionado con financiación irregular y con el escándalo de la venta de tejidos y órganos de bebés abortados pàra experimentación. Ya tras la tsunami asiática de 2004, esta sociedad u "ONG buitre", aprovechó para pedir donaciones con el fin de sembrar de centros de abortos las costas de los países del Océano Índico.

sábado, 6 de febrero de 2016

Conciencia y aborto (y VIII): el juicio moral al aborto.


 Con todos los testimonios que hemos comentado, ya estamos en condiciones de responder a la pregunta sobre el aborto. No se trata de juzgar a las personas, sí conocer la verdad: con una conciencia fuerte, bien formada, conocemos la verdad y la verdad nos hace libres. Quien no sabe la verdad, no puede actuar libremente, y se expone a sufrir las consecuencias. Así que veamos qué nos dice nuestra investigación:

1) La conciencia íntima, con el rechazo del aborto y el arrepentimiento de tantas personas que lo han cometido, nos dice que el aborto es un crimen.

2) La razón, que nos dice que el concebido es ya un ser humano, y que le debemos el mismo respeto y amor que a cualquier otra persona, más por su debilidad y aún más si es nuestro hijo. apoya esa conclusión.

3) La observación de las consecuencias, que nos muestra el tremendo sufrimiento de personas que han abortado frente a la alegría de personas que acogen a sus hijos, nos muestra el mal del aborto.

4) Por último, el testimonio de personas que podemos considerar justamente como referentes morales, como la Madre Teresa de Calcuta, nos muestra el mal del aborto.

Para los que confiamos en Cristo y en su Iglesia, además, la enseñanza de la Iglesia es una referencia moral totalmente fiable sobre la maldad del aborto.

Por tanto, los cuatro testigos o caminos de la conciencia, nos muestran que el aborto es un auténtico crimen, que elimina a los niños, daña a las madres y padres y a toda la sociedad. Con justicia debemos oponernos a él con todas nuestras fuerzas.

Conciencia y aborto (VII). El cuarto testigo: el consejo de personas sabias.


 Para completar y contratar lo que pensamos por nosotros mismos, viene el cuarto y último testigo que nos ayuda a decidir, que es el consejo de personas sabias y virtuosas, que es a quienes consideramos como autoridad moral. "Autoridad", viene de "augere", que significa crecer. Consideramos autoridad a aquel que nos hace crecer, que nos muestra un camino verdadero para nuestra vida. Como "el mejor predicador es fray ejemplo", consideramos que esa autoridad moral, esos maestros que nos hacen crecer no son personas que hablan muy bien, sino personas que, sobre todo, viven muy bien, es decir, en las que vemos integridad. Ellos estimulan y satisfacen ese deseo que todos llevamos dentro de ser buenos, de ser plenamente humanos. Vemos que su ejemplo y su consejo nos hace bien.

 Un ejemplo muy claro y actual puede ser la Madre Teresa de Calcuta. Está ante los ojos de todos su integridad; es la personas que no se va a callar para quedar bien ante los poderosos. Es la persona que ha sido íntegra y ha dedicado toda su vida a acoger y amar a los más pobres de los pobres. En el fondo de nuestro corazón, a todos nos gustaría ser como ella, tener ese amor y esa integridad para darse y para decir la verdad, sencillamente. Vemos, entonces, que es una persona que nos hace crecer, que conocer lo que hizo y cómo vivió nos hace bien, por eso la consideramos fácilmente como maestro y, -aunque la palabra "autoridad" esté tan devaluada-, la consideramos como una autoridad moral, esa autoridad que nada tiene que ver con el autoritarismo; es un reconocimiento que parte voluntariamente de nosotros mismos, y que ella se ha ganado con su vida.

 Este testigo, la autoridad moral, el consejo y el ejemplo, es muy fuerte e importante. Por desgracia, no es infalible, sino que tiene un peligro muy importante: tener por autoridad moral a quien no lo merece. Por eso, las personas que por su posición en la sociedad son consideradas por muchos como autoridad moral, tienen un a grave responsabilidad. Muchos considerarán sus ideas y su ejemplo a la hora de actuar ellos mismos, y de esa forma, de alguna manera son responsables también del buen o mal ejemplo que dan. El mal ejemplo de estas personas es el "escándalo", y merece la condena más dura.

 Pues bien, la primera autoridad moral para un niño son sus padres, es la educación y el ejemplo que sigue en su casa. Cuando esto va mal, el daño para la vida moral es tremendo. Cuando va bien, se convierte en un beneficio que le acompañará toda la vida. El hijo podrá tener malos consejeros y malos ejemplos, pero el buen ejemplo y consejo de sus padres estará presente en él durante toda su vida. Es un gran error la tentación de los padres de claudicar en la enseñanza moral, desesperados de que sus consejos no van a a servir de nada. Si son consejos que parten de la realidad de su vida, sus hijos podrán equivocarse, podrán no hacerles caso, pero cuando sufran las consecuencias del mal camino, serán más capaces de darse cuenta de cuál ha sido la causa, al tener presente lo que sus padres les enseñaron.

 Hay una película que muestra muy bien esta autoridad moral de los padres; se trata de "En el Nombre del Padre", ambientada en la sociedad de Irlanda del Norte. La persistencia del padre en no claudicar y mostrar siempre el buen camino constituye ese asidero al que finalmente su hijo puede agarrarse para salir del mal camino.

 Esta autoridad moral de los padres, en muchos casos se haya parcialmente usurpada por la televisión, que entra en nuestras casas y, a menudo a través de historias con carga emocional, nos educa o deseduca. Ante eso, caben dos actitudes complementarias: apagar o cambiar de canal cuando lo que se ve es inaceptable, y comentar con los hijos lo que está bien y lo que está mal, ayudando a formar su sentido crítico, a aprovechar lo bueno y no dejarse manipular ni contaminar por lo falso.

 Otra autoridad moral son los maestros, los profesores de las escuelas y la universidad. Pero, en la adolescencia, con en fuerte sentimiento de grupo, aparece otra autoridad moral que son los amigos. En esa época, al menos en primera instancia, se acepta antes el consejo de los amigos que ningún otro, incluido sobre todo el de los padres.

 Para los adultos, una forma de autoridad moral es la ley; por eso tantas veces se insiste en la realidad pedagógica de la ley. Por eso es doblemente grave que existan leyes injustas: una ley que considera como bueno, como aceptable, lo que está mal, no sólo lo permite, sino que lo promueve. Es una realidad fácil de observar. Ya decía San Agustín que "la ley injusta no es ley, sino violencia".

 Es claro también que una fuente de autoridad moral para los creyentes son las autoridades religiosas; para éstas vale el mismo consejo  de no "claudicar" que hemos comentado para los padres.

 Y finalmente, una posible fuente de equívoca autoridad moral es lo que llamamos "el mundo", lo que piensa todo el mundo, la opinión mayoritaria. En un sentido rancio, es lo que siempre se ha identificado con "el qué dirán". En la actualidad, presumimos de que nos importa poco "el qué dirán", pero es una mera ilusión; por desgracia, nos seguimos dejando llevar muchísimo por la mayoría, por la dictadura de lo "correcto", sea bueno o malo.

 Es evidente que este ha sido el mecanismo más aprovechado por el abortismo y la teoría de género: entrar en las casas y educar a padres e hijos con la televisión, proponer falsos modelos morales, deseducar en las escuelas, prostituir el efecto pedagógico de la ley y difundir una su puesta "corrección" sobre lo que debe pensar todo el mundo para evitar problemas. Amenazas como las de las "Femen", mujeres desnudas que persiguen a quienes defienden la vida buscan establecer esa dictadura, atemorizar a quien piensa que la vida debe ser respetada y mostrarle a ante todos como un monstruo que merece la peor de las repulsas. Así se mueve la conciencia de las personas para que acepten lo que jamás aceptarían por sí mismas.

 Una forma de promover el abortismo ha sido elegir una mujer que haga de portavoz, que dé una imagen simpática y que promueva el aborto como una forma de liberación de la mujer. Nadie cae en la cuenta de que lo que está diciendo es que para que la mujer sea feliz, es preciso que deje de amar a sus hijos mientras están en su vientre, que es preciso que la sociedad entera deje de respetar al no nacido. Esto se tapa con una imagen simpática y con ideas de libertad. En España, esta imagen simpática fue la diputada comunista Cristina Almeida. En Hispanoamérica es Mónica Roa. Quien las ve, hablando de libertad y de salvar a las mujeres de abortos clandestinos, ve que no tienen cara de asesinas, y queda confundido, expuesto a recibir su mensaje. Esto se completa con encuestas prefabricadas, que hacen creer que la opinión de la mayoría se está desplazando para aceptar el aborto. Esto lo explicó el Dr. Bernard Nathanson, uno de los mayores abortistas y promotores sociales del aborto, que tiempo después se arrepintió y desveló estas manipulaciones. Para contrarrestar la autoridad moral de la Iglesia, se la descalifica e incluso, sobre todo en América, se ha recurrido a financiar grupos de falsos católicos que aprueban el aborto, como las "Católicas por el Derecho a Decidir"; para entenderlo, es como si las empresas tabaqueras promovieran una asociación de "médicos a favor del tabaco" con el fin de que aparezcan en los medios de comunicación. Para deseducar en escuelas y universidades, se ha llegado incluso a establecer y potenciar una nueva y falsa "ética", la "Ética de Mínimos" de Adela Cortina, que tiene la propiedad de pasar por alto toda objetividad moral con el fin de evitar toda condena del aborto. Se considera que algo no sería malo a menos que haya unanimidad en su condena, y por tanto, no sería exigible a nadie. Es la generalización de una ética mundana, la forma de acabar con esa conciencia de la sociedad que es la verdadera ética, que a menudo necesitó ser defendida por minorías. La "Ética de Mínimos" ha sido impuesta por asignaturas escolares de "educación para la ciudadanía" y trata de crear un lenguaje común que descarte cualquier condena del aborto.

 Ya es llamativo que para aprobar algo como el aborto haya que aniquilar un análisis filosófico y racional del asunto: este mismo procedimiento es un testimonio contra la bondad del aborto. Si el aborto fuera bueno, su aprobación iría sustentada con una ética racional, filosófica, basad en argumentos. No es así: para aprobar el aborto ha habido que decir que está bien todo aquello que no es rechazado unánimemente. Es un sofisma que se cae por su propio peso y por la más elemental observación. Si se aplicase la ética de mínimos a los tiempos de la esclavitud, habría que considerar que la esclavitud no estaba mal y que a nadie le sería exigible respetar a los negros como personas.


 Pero volvamos al lado de la luz: para escuchar bien a este testigo, lo primero que hemos de hacer es elegir bien a esa autoridad moral, que sea verdaderamente una persona sabia y virtuosa. En la filosofía antigua esto estaba más claro: para Aristóteles, el hombre sabio es el hombre virtuoso. Esto va en la misma línea de aquello que dijo Jesucristo: "por sus frutos los conoceréis" (Mateo 7, 20). escuchemos a una de estas personas que se han ganado justamente ese reconocimiento de autoridad moral: la Madre Teresa de Calcuta, a la que hemos mencionado antes:

 "La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño, al niño inocente que muere a manos de su propia madre. Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, ¿cómo podremos decirle a otros que no se maten? ¿Cómo persuadir a una mujer de que no se practique un aborto? Como siempre, hay que hacerlo con amor y recordar que amar significa dar hasta que duela. Jesús dio su vida por amor a nosotros. Hay que ayudar a la madre que está pensando en abortar; ayudarla a amar, aún cuando ese respeto por la vida de su hijo signifique que tenga que sacrificar proyectos o su tiempo libre. A su vez el padre de esa criatura, sea quien fuere, debe también dar hasta que duela".

 "Al abortar, la madre no ha aprendido a amar; ha tratado de solucionar sus problemas matando a su propio hijo. Y a través del aborto, se le envía un mensaje al padre de que no tiene que asumir la responsabilidad por el hijo engendrado. Un padre así es capaz de poner a otras mujeres en esa misma situación. De ese modo un aborto puede llevar a otros abortos. El país que acepta el aborto no está enseñando a su pueblo a amar sino a aplicar la violencia para conseguir lo que se quiere".

"Hay mucha gente muy preocupada por los niños de la India o África, donde mueren tantos de hambre. Mucha gente está preocupada por la violencia en esta gran nación de los Estados Unidos. Está muy bien que estemos preocupados por todo eso. Pero a menudo esa misma gente no se preocupa por los millones de seres humanos aniquilados por decisión de sus propias madres".

"En la India y en todo lugar que visito, insisto en que debemos volver a dedicarle al niño toda la atención que se merece. El niño es un regalo de Dios para la familia. Cada niño ha sido creado a imagen y semejanza de Dios para cosas grandes, para amar y ser amado. Debemos colocar al niño de nuevo en el centro de nuestro cuidado y preocupación. Este es el único camino para que el mundo siga adelante. Precisamente porque el niño es la única esperanza para el futuro. Cuando los más ancianos son llamados a la presencia de Dios, sólo sus hijos pueden ocupar su lugar".

"Dios nos dice: "Aunque una madre pueda olvidarse de su hijo, yo no me olvidaré de ti. Te he esculpido en la palma de mi mano." Nosotros estamos esculpidos en la palma de Su mano. El niño que todavía no ha nacido ha sido esculpido en la mano de Dios desde su concepción, y ha sido llamado por Dios a amar y ser amado, no sólo ahora, en esta vida, sino para siempre, en la eternidad. Dios no se olvida nunca de nosotros".

"Les confiaré algo hermoso: Estamos combatiendo el aborto con la adopción: cuidamos a la madre y adoptamos a su hijo. De ese modo hemos salvado miles de vidas. Hemos enviado comunidades a las clínicas, diciéndoles: "Por favor, no maten al niño, nosotros nos haremos cargo de él". Siempre hay algunos de los nuestros que les dice a las madres en problemas: "Venga, la cuidaremos y hallaremos un hogar para su hijo". Y así tenemos una gran demanda de niños por parte de matrimonios que no pueden tener hijos. Pero nunca entrego un niño a un matrimonio que haya hecho algo para no tener un hijo. Jesús dijo: "El que reciba a uno de estos pequeños, a mí me recibe." Al adoptar un niño, esos matrimonios están recibiendo al mismo Señor".

"Les pido por favor que no maten a los niños. Yo quiero esos niños: ¡Dénmelos! Estoy dispuesta a aceptar todo niño que se pretenda abortar y darlo a un matrimonio que lo ame y a su vez sea amado por el niño. Sólo en nuestro Hogar Infantil de Calcuta hemos reunido 3,000 niños que han sido salvados del aborto, niños que luego han brindado mucho amor y alegría a sus padres adoptivos".

 En fin, hay muchas más palabras suyas, pero estas son suficientemente claras. Las completaremos con otros tres testimonios: el de Gandhi, el de un político socialista, Tabaré Vázquez, médico y presidente de Uruguay, que vetó la aprobación del aborto en su país, y el de un científico de primer nivel, Jerome Lejeune, que descubrió la base genética del Síndrome de Dowm:

Gandhi; "Es tan claro como el día que el aborto es un asesinato".

Tabaré Vázquez, en su veto al aborto en su país: “El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados; por eso se debe proteger más a los más débiles”.

Jerome Lejeune:

“La genética moderna se resume en un credo elemental que es éste: en el principio hay un mensaje, este mensaje está en la vida y este mensaje es la vida”. Este credo, verdadera paráfrasis del inicio de un viejo libro que todos ustedes conocen bien, es también el credo del médico genetista más materialista que pueda existir. ¿Por qué? Porque sabemos con certeza que toda la información que definirá a un individuo, que le dictará no sólo su desarrollo, sino también su conducta ulterior, sabemos que todas esas características están escritas en la primera célula. Y lo sabemos con una certeza que va más allá de toda duda razonable, porque si esta información no estuviera ya completa desde el principio, no podría tener lugar; porque ningún tipo de información entra en un huevo después de su fecundación. (…).
Pero habrá quien diga que, al principio del todo, dos o tres días después de la fecundación, sólo hay un pequeño amasijo de células. ¡Qué digo! Al principio se trata de una sola célula, la que proviene de la unión del óvulo y del espermatozoide. Ciertamente, las células se multiplican activamente, pero esa pequeña mora que anida en la pared del útero ¿es ya diferente de la de su madre? Claro que sí, ya tiene su propia individualidad y, lo que es a duras penas creíble, ya es capaz de dar órdenes al organismo de su madre.
Este minúsculo embrión, al sexto o séptimo día, con tan sólo un milímetro y medio de tamaño, toma inmediatamente el mando de las operaciones. Es él, y sólo él, quien detiene la menstruación de la madre, produciendo una nueva sustancia que obliga al cuerpo amarillo del ovario a ponerse en marcha.
Tan pequeñito como es, es él quien, por una orden química, fuerza a su madre a conservar su protección. Ya hace de ella lo que quiere ¡y Dios sabe que no se privará de ello en los años siguientes! A los quince días del primer retraso en la regla, es decir a la edad real de un mes, ya que la fecundación tuvo lugar quince días antes, el ser humano mide cuatro milímetros y medio. Su minúsculo corazón late desde hace ya una semana, sus brazos, sus piernas, su cabeza, su cerebro, ya están formándose.
A los sesenta días, es decir a la edad de dos meses, cuando el retraso de la regla es de mes y medio, mide, desde la cabeza hasta el trasero, unos tres centímetros. Cabría, recogido sobre sí mismo, en una cáscara de nuez. Sería invisible en el interior de un puño cerrado, y ese puño lo aplastaría sin querer, sin que nos diéramos cuenta: pero, extiendan la mano, está casi terminado, manos, pies, cabeza, órganos, cerebro… todo está en su sitio y ya no hará sino crecer. Miren desde más cerca, podrán hasta leer las líneas de su palma y decirle la buenaventura. Miren desde más cerca aún, con un microscopio corriente, y podrán descifrar sus huellas digitales. Ya tiene todo lo necesario para poder hacer su carné de identidad. (…).
El increíble Pulgarcito, el hombre más pequeño que un pulgar, existe de verdad; no se trata del Pulgarcito del cuento, sino del que hemos sido cada uno de nosotros.
Pero dirán que hasta los cinco o seis meses su cerebro no está del todo terminado. ¡Pero no, no!, en realidad, el cerebro sólo estará completamente en su sitio en el momento del nacimiento; y sus innumerables conexiones no estarán completamente establecidas hasta que no cumpla los seis o siete años; y su maquinaria química y eléctrica no estará completamente rodada hasta los catorce o quince.
¿Pero a nuestro Pulgarcito de dos meses ya le funciona el sistema nervioso? Claro que sí, si su labio superior se roza con un cabello, mueve los brazos, el cuerpo y la cabeza en un movimiento de huida. (…).
A los cuatro meses se mueve tanto que su madre percibe sus movimientos. Gracias a la casi total ingravidez de su cápsula cosmonauta, da muchas volteretas, actividad para la que necesitará años antes de volver a realizarla al aire libre.
A los cinco meses, coge con firmeza el minúsculo bastón que le ponemos en las manos y se chupa el dedo esperando su entrega. (…).
Entonces, ¿para qué discutir? ¿Por qué cuestionarse si estos hombrecitos existen de verdad? ¿Por qué racionalizar y fingir creer, como si uno fuese un bacteriólogo ilustre, que el sistema nervioso no existe antes de los cinco meses? Cada día, la Ciencia nos descubre un poco más las maravillas de la vida oculta, de ese mundo bullicioso de la vida de los hombres minúsculos, aún más asombroso que los cuentos para niños. Porque los cuentos se inventaron partiendo de una historia verdadera; y si las aventuras de Pulgarcito han encantado a la infancia, es porque todos los niños, todos los adultos que somos ahora, fuimos un día un Pulgarcito en el seno de nuestras madres».

 Podemos citar un testimonio más, de gran valor histórico: el del juramento hipocrático, que hacen desde tiempo inmemorial los nuevos médicos:

 "A nadie daré droga mortal aun cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin. De la misma manera, no daré a ninguna mujer pesario abortivo".

  Por último, para los cristianos está claro a quien reconocemos esa autoridad moral, porque ya la tenía siendo Dios y porque se la ha ganado al hacerse hombre, enseñarnos con su palabra y su ejemplo y dar su vida por nosotros: Jesucristo. Él es la autoridad moral que no falla, y la Escritura le llama "Maravilla de Consejero" (Isaías 9,5).

  Las Escrituras nos muestran claramente el respeto por el ser humano aún no nacido. La Virgen María, embarazada de pocos días, es ya reconocida y alabada por su pariente Isabel como "la madre de su Señor" (cf. Lucas 1,43). El autor del Salmo 70 le dice a Dios: 

"En el vientre materno ya me apoyaba en ti, 
en el seno tú me sostenías".

En el salmo 139, se lee:

"Tú creaste mis entrañas,
me plasmaste en el seno de mi madre:
te doy gracias porque fui formado
de manera tan admirable.
¡Qué maravillosas son tus obras!
Tú conocías hasta el fondo de mi alma
y nada de mi ser se te ocultaba,
cuando yo era formado en lo secreto,
cuando era tejido en lo profundo de la tierra.
Tus ojos ya veían mis acciones,
todas ellas estaban en tu Libro;
mis días estaban escritos y señalados,
antes que uno solo de ellos existiera".

Y el Salmo 22 añade:

"Desde el seno materno, Tú eres mi Dios".

En cuanto a Jeremías, se dice en su libro:

"La palabra del Señor llegó a mí en estos términos: «Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones»" (Jeremías 1,5). 

En la Escritura, esa consideración por el no nacido es constante, y en la Tradición de la Iglesia ha estado presente desde los primeros cristianos ese precepto del "No Matarás" aplicado desde el seno materno. Por eso el Magisterio de la Iglesia reconoce sin ambages la humanidad del concebido, expresa el respeto y el amor que le debemos, y la necesidad de que la ley le proteja. El Catecismo es claro en esto (ver anexo al final). Resaltamos, citado en el Catecismo, el testimonio de la Didajé o "doctrina de los Apóstoles", un texto del siglo I del cristianismo, desaparecido y recuperado en 1873:

 "No matarás al embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido".

 Por tanto, vemos que este cuarto testigo también nos aconseja y ejemplifica  a favor de respetar y amar al no nacido. Vemos también que este ha sido también el testigo más manipulado para promover el aborto. Añadimos que, frente a todo esto, es importantísimo el papel de las asocciaciones provida, que han constituido es verdadero "Pepito grillo" de nuestra sociedad. Pepito grillo, le personaje que le dice continuamente a Pinocho lo que está mal, es la imagen literaria de este cuarto testigo. Verdaderamente, hoy el aborto sigue siendo una cuestión polémica a pesar de todo el poder de sus promotores; por dos razones: en primer lugar, porque en sí es algo antinatural, que va contra el amor de los padres por sus hijos; en segundo lugar, por ese "resto fiel" que ha constituido una conciencia viva, con palabras y con hechos, ayudando a las madres, a los padres, incluso a las mujeres y hombres que han abortado y sufren las consecuencias. La batalla que están librando los "provida" es importantísima. Frente al Goliat del aborto, se han constituido en un nuevo David. Muchos tratarán de "domesticarles" sembrando en ellos la desesperanza y desanimándoles de su denuncia del aborto, pero es imprescindible que sigan adelante.

 Y sobre todo, el mayor y mejor testigo es la Iglesia, en toda su amplitud. Ella es la "ciudad que está en la cima del monte", y nadie escapa a su visión (Mateo 5,14). Ella está llamada a continuar siendo la lámpara que dé ese testimonio de respeto, defensa y amor por el niño o niña aún no nacido, frente a todos los poderes del mundo.

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ANEXO (enseñanza del catecismo de la Iglesia Católica sobre el aborto):

El aborto

2270 La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 1, 1).
«Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado» (Jr 1, 5).

«Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra» (Sal 139, 15).

2271 Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.

«No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido» (Didajé, 2, 2; cf. Epistula Pseudo Barnabae, 19, 5; Epistula ad Diognetum 5, 5; Tertuliano, Apologeticum, 9, 8).

«Dios [...], Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables» (Gaudium et Spes51, 3).

2272 La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae” (CIC can. 1398), es decir, “de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito” (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.

2273 El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye unelemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación:

“Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae 3).

“Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho [...] El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae 3).

2274 Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de lo posible, como todo otro ser humano.

El diagnóstico prenatal es moralmente lícito, “si respeta la vida e integridad del embrión y del feto humano, y si se orienta hacia su protección o hacia su curación [...] Pero se opondrá gravemente a la ley moral cuando contempla la posibilidad, en dependencia de sus resultados, de provocar un aborto: un diagnóstico que atestigua la existencia de una malformación o de una enfermedad hereditaria no debe equivaler a una sentencia de muerte” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae 1, 2).

2275 Se deben considerar “lícitas las intervenciones sobre el embrión humano, siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia individual” (Instr. Donum vitae 1, 3).
«Es inmoral [...] producir embriones humanos destinados a ser explotados como “material biológico” disponible» (Instr. Donum vitae 1, 5).

“Algunos intentos de intervenir en el patrimonio cromosómico y genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo u otras cualidades prefijadas. Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad” (Instr. Donum vitae 1, 6).

sábado, 23 de enero de 2016

Confirmado: la píldora del día siguiente es abortiva


 Un artículo publicado el viernes 22 de Enero en el "European Journal of Clinical Pharmacy" confirma, contra la versión oficial, que la píldora del día siguiente es abortiva.

 Con un análisis de datos previamente publicados en mujeres, los investigadores muestran que el 49% de los embarazos evitados lo son por impedir la ovulación, mientras que el 51% restante lo serían por efectos distintos.

  Según los autores, estos resultados "sustentan un efecto post-fecundación" del producto, "como punto clave para las discusiones éticas sobre su uso".

Resumen del artículo (en inglés, pinchar para acceder):


 
 

sábado, 16 de enero de 2016

Conciencia y aborto (VI). El tercer testigo: la observación de sus efectos.


 El tercer testigo que nos habla de la misma realidad es la observación de los efectos del acto, en este caso el aborto, en las personas que lo realizan y en las sociedades que lo aprueban.

 Este testigo se fundamenta en que "lo bueno sale bien", y al contrario, "lo malo sale mal". Es decir, practicar el bien lleva a la persona a una vida más plena, alegre y en paz, mientras que el mal quita la paz y dificulta la vida.

 Para comprobarlo, necesitamos conocer personas que hayan abortado o lo contrario, que tras haber pasado por una dificultad en el embarazo, no lo hayan hecho. Ya hemos hablado del testimonio de Jesús García, colaborador provida, que nos hablaba de que conocía mujeres arrepentidas por haber abortado, pero ninguna de haber tenido a sus hijos.

 Es un punto importante éste del arrepentimiento. La conciencia íntima no engaña, y aunque puede haber personas que no se arrepientan de algo que está mal, al menos durante un tiempo, es difícil que alguien se arrepienta fuertemente de algo que no está mal. Hablamos de arrepentimiento en sentido moral. Aunque no es imposible, y existe la enfermedad espiritual de los escrúpulos, que precisamente consiste en tener remordimientos por cosas que no están mal, en la práctica esto no se da en la mayoría de la gente.

 Sin embargo, hay muchísimas mujeres -y hombres- que se arrepienten de haber abortado a sus hijos, aun sin que sean creyentes. Una buena muestra se halla en el libro "Yo aborté", con testimonios recopilados por Sara Martín y la Asociación de Víctimas del Aborto. Reproducimos algunas citas:


-"Ahora me toca vivir con el pesar de mi corazón" (Susana).

- "No quiero olvidar mi aborto: es algo que hice mal y lo asumo" (Lucía).

- "No hay derecho a que unos padres se desentiendan así del fruto de su concepción" (Alicia).

- "Aunque el aborto fue decisión de ella, si la hubiera convencido lo habríamos tenido. Ahora estoy muy arrepentido" (Antonio).

- "Espero, mi niño, que algún día me puedas perdonar. Yo no me lo perdonaré mientras viva (María).

- "Siento un dolor tan profundo que es inexplicable" (Natalia).

- "Esa misma noche lloraba de pena y arrepentimiento" (Rosa).

- "Yo no defendí la verdad, que es el único camino de liberación para el ser humano" (Fernando).

- "El aborto debería estar ilegalizado; es algo injusto para el bebé y horrible para la madre" (Clara).

- "Ahora no sé qué hacer con mi vida [...] Espero que mi testimonio pueda servir para que otras mujeres reflexionen y no aborten" (Victoria).

 Otros testimonios que nos pueden ayudar son de personas que no abortaron. Como mi mujer y yo nos dedicamos a la concienciación provida y a ayudar a las embarazadas o mujeres con síndrome post-aborto, a menudo alguien se entera y nos cuenta su historia. La mayoría de las veces son testimonios de hombres y mujeres que se arrepienten de haber participado en un aborto. Pero algunas veces son personas que, pese a un entorno adverso, decidieron tener a sus hijos. Recuerdo dos especialmente:

 Estaba dando una charla provida a un grupo de Cursillos de Cristiandad, y al final, una mujer contó su testimonio. Bastante joven, con ella y su pareja en el paro y sin recursos, vieron que estaba embarazada. Todos les decían que abortaran, pero ellos no lo hicieron, a pesar de las dificultades. Y ahora su hijo era ya un joven que había ayudado mucho a varias personas. Insistía no sólo en lo contentos que estaban de haber seguido adelante y el bien que había sido tener a su hijo, sino en que ahora su hijo estaba también haciendo el bien a otras personas, y nada de eso habría pasado si hubieran abortado.

 En otra ocasión, una mujer se acercó a nosotros en una fiesta del colegio. Nos contó su impresionante historia. En la noche de bodas, ella se da cuenta de que su marido es heroinómano y le deja. Pero estaba embarazada. Se lo cuenta a su tía, buscando apoyo, y le dice que aborte. Pero no: ella no cae en la tentación y además decide seguir con su marido. Al marido, le convence de dejar la droga, diciéndole que lo haga por su hijo. Le busca la forma de salir de su entorno y enviarle con su familia a Barcelona. Le llama continuamente, y le insiste siempre en que espera de él que sea un buen padre. Al cabo del tiempo, vuelve rehabilitado, y ella le busca un puesto de trabajo. Años después, nos contaba que eran un matrimonio feliz, que él es un buen padre, y que son una familia estupenda. Por supuesto -afirmaba- nada de eso habría pasado si le hubiera hecho caso a su tía y hubiese acabado con la vida de su hijo: su hijo estaría muerto y su marido, probablemente, también.

 A menudo las madres presionan fortísimamente a las hijas jóvenes para que aborten, sometiéndolas a un verdadero infierno. En un caso, temíamos que ella flaqueara en cualquier momento, o que su madre le diera tranquilizantes y la llevara a la fuerza a abortar. Sabíamos de otros casos en los que habían llevando a chicas muy jóvenes prácticamente a rastras, y aun llorando y diciendo que no iban por su voluntad, los aborteros las habían metido en el quirófano y les habían practicado el aborto -por ejemplo, el caso de Clara, cuyo testimonio antes comentamos-. También sabíamos lo cruel que puede ser una madre obstinada, hundiendo a una hija y atacando su punto débil para que aborte, o hasta qué extremos puede llegar: en uno de los casos que atendimos, la chica aceptó abortar después de que su madre la amenazara incluso con suicidarse si lo hacía.

 Pero, por una resolución judicial de emancipación, la madre se sintió impedida a seguir forzando a su hija -menor de edad- al aborto. Además, ella y su novio se mantuvieron firmes, aunque con muchas dificultades y disgustos, sin hacer caso a la idea de abortar. Lo que pasó después fue increíble: su madre aceptó la situación, aceptó el embarazo y empezó a ayudarla con todo su corazón, con todo el amor con que una madre ayuda a su hija embarazada, con toda la ilusión por tener un nieto, por prepararle un sitio, por comprarle ropita, por buscar la forma de solucionar los problemas que se plateen, con toda la alegría.

 Este caso sorprende, pero es muy típico de cómo una situación en la que aparentemente es todo negro, negrísimo, se torna luminosa cuando se acepta al hijo y no se cae en la oscuridad del aborto. Sabemos lo que pasa en los casos en que esto no sucede: las parejas a menudo se rompen, las relaciones madre-hija también, y la pareja queda con una carga psicológica tremenda y mantenida. Pero cuando no se cae en la tentación, lo que parecían gravísimos problemas empiezan a encontrar solución, los que parecían enemigos se tornan amigos, y los disgustos se convierten en alegría. Se pasa del negro al blanco, de la oscuridad a la luz, en un momento. Esta es quizá de las mayores satisfacciones que produce trabajar en favor de la vida; no sólo la muerte que se evitan, sino la felicidad y el agradecimiento que se ve luego en las personas a las que se ha ayudado.

 En relación con esto, sólo un par de breves testimonios más. El primero es el de un hombre que agradece, bastantes años después, por un encuentro casual, que les ayudaran a su mujer y a él a tener a su hija. Saca orgulloso una foto de la niña de la cartera, y dice lo muchísimo que la quiere y lo contento y feliz que está de haberla tenido. El segundo testimonio es el de una chica que llama al año siguiente, tras un contacto fugaz y al parecer infructuoso cuando estaba embarazada y pensando en abortar. Llama sólo para dar las gracias a la rescatadora y decirle que está feliz con su bebé, y que las dos palabritas que cruzaron, le sirvieron para desechar al final esa mala decisión que iba a tomar.

En realidad, muchas veces las mujeres se ven muy presionadas a abortar, por sus madres y/o sus parejas. Es claro que los movimientos e influencias que las llevan al aborto son siempre de presión y de miedo ("tú estás loca", "no sabes", "no puedes", "no tienes ni idea", "si lo tienes, conmigo no cuentes"), mientras que lo que las mantiene en tener a sus hijos son de apoyo, ayuda y esperanza.

 Es muy claro que este tercer y penúltimo testigo nos dice que el aborto es malo, y que seguir adelante sin caer en la tentación es bueno, y ayuda a las personas. La razón es sencilla: el mal no sólo hace daño a la víctima, sino que daña al propio que lo comete, porque va contra su propia naturaleza, contra su propio proyecto como persona, por decirlo así. Hay quienes creen que al tener un hijo no deseado se rompen proyectos; no es verdad, se modifican o adaptan más bien. Es el aborto el que rompe los proyectos más esenciales que tenemos sobre nosotros mismos.

 Esto es algo que se puede estudiar también epidemiológicamente, y se ha hecho: como antes dijimos, existe una relación causal entre aborto provocado y enfermedades mentales, como depresión, aborto y suicidio.

 Todo este mal que se hace a las personas con el aborto, se trasmite a las sociedades que lo aprueban, y las profesiones sanitarias que comulgan con ello. Incluso el aborto se llega a usar para tapar casos de violación y de abusos, sin que nadie se preocupe. Otra cosa que produce el mal es que lleva a males cada vez peores, en lo que se ha llamado "la pendiente resbaladiza de la inmoralidad". En cambio, el bien conduce al bien. Hace poco hemos visto vídeos con cámara oculta de cómo Planned Parenthood, la multinacional del aborto, hace negocios con los órganos de los bebés abortados, vendiéndolos para investigación. Incluso han desarrollado técnicas para matar el bebé sin que los órganos sufran daño, porque así valen más.

 No es ninguna locura lo que decía la Madre Teresa de Calcuta: "la mayor amenaza para la paz es el aborto". Añade "Rosa" en su testimonio publicado en el libro "Yo aborté": "Si alguien me pregunta, sin dudarlo le diré: no abortes, todo menos abortar. No es cuestión de fe o de credo, es un asunto de padres: el aborto nos hiere en lo más profundo de nuestro ser, va en contra radicamente de lo que somos y de lo que podemos hacer. No es justo que el estado permita semejante brutalidad de intervención en la que los padres matamos a nuestro hijo. Tarde o temprano, todo el mundo se da cuenta del horror del aborto".



¿Se puede estar contra el aborto y a favor de permitirlo?

"NO SÓLO ES ABORTISTA EL QUE ABORTA"


 Nadie puede juzgar a las personas, porque no sabe el grado de intención o de confusión que tuvieron al realizar un mal acto. Pero eso no impide ver y decir lo que está mal y prohibirlo si es necesario. Prohibir el crimen protege a las víctimas y a los que están tentados de cometer un mal acto, que luego sufren gravemente por las consecuencias.

 Pues bien, hay cuestiones morales que nos obligan a posicionarnos de forma absoluta, y dentro de esas hay algunas que afectan gravemente a personas inocentes, y que nos obligan a impedir, en la medida que esté en nuestra mano, que otros las cometan. Si uno dice que está en contra de la violación pero está a favor de permitir que se viole, es un mentiroso. Si uno dice que está en contra del asesinato pero está a favor de permitir que se asesine, es un mentiroso. Es una incongruencia cruel y bestial. Es, sencillamente, mentira.

 La razón es esta: el valor sagrado de la persona.Y ni siquiera hace falta ser religioso para verlo.

 Por lo mismo, uno no puede estar en contra del aborto y permitir que se aborte, es más, financiarlo con los impuestos que salen del trabajo de todos. En el asesinato de un inocente en el seno de su madre, uno, o está en contra de permitirlo, o no está en contra del aborto. Pero decir que uno está en contra del aborto y sin embargo está a favor de que se permita abortar, no es sólo incongruencia, es cinismo cruel, es mentira.

 Por tanto, no sólo es abortista el que aborta, sino el que es cooperador necesario, el que lo permite en la ley, el que está de acuerdo con que otro lo haga, y hasta el que, aun diciendo que está en contra del aborto, está a favor de que se permita a otros abortar. Todo lo contrario: estamos obligados a hacer lo necesario para impedirlo.


 Defender otra cosa es, además, haber perdido el temor de Dios, que hará justicia a los inocentes.

"Ellos pisotean a tu pueblo, Señor, y oprimen a tu herencia;
matan a la viuda y al extranjero, asesinan a los huérfanos;
y exclaman: «El Señor no lo ve,no se da cuenta el Dios de Jacob».

¡Entiendan, los más necios del pueblo!
y ustedes, insensatos, ¿cuándo recapacitarán?
El que hizo el oído, ¿no va a escuchar?
El que formó los ojos, ¿no va a ver?
¿Dejará de castigar el que educa a las naciones
y da a los hombres el conocimiento?"
Salmo 94, 5-10.