miércoles, 28 de octubre de 2015

¿Te gustaría conocer y enseñar un método para reconocer los períodos fértiles de la mujer con enorme fiabilidad?

El método diseñado por el matrimonio Billings (en la foto) permite a la mujer conocer sus períodos fértiles e infértiles. Esto se puede usar para facilitar el tener hijos o para evitarlo, y también detecta si hay anomalías en el ciclo que provoquen su infertilidad.
Sería un buenísimo servicio contar en cada zona con monitores o equipos capaces de enseñar el método Billings a los matrimonios, incluso a los que se se van a casar. El reconocimiento de los períodos fértiles es algo que toda mujer podría saber, para conocer mejor las señales que le da su propio cuerpo. Las escuelas de enfermería y las facultades de medicina y farmacia católicas harían muy bien en que sus alumnos salieran con conocimiento suficiente para ser monitores del método Billings. Incluso sería interesante que en centros de bachillerato católicos se enseñara, acompañado de una adecuada formación afectivo-sexual como la que dan los programas "Aprendamos a Amar" o el "Teen-Star". Muchos hablan hoy de "empoderamiento" de la mujer; sin embargo, se olvida poner a disposición de las mujeres este conocimiento que hoy tenemos, y que les permite saber con gran fiabilidad si estén en un día fértil o infértil.
El matrimonio Billings
Muy atrás quedan los métodos basados en el calendario, que sólo sirven para ciclos regulares -muchas mujeres no los tienen-, o en la temperatura, que da muchos fallos. El método Billigs consiste en reconocer la fluidez de la mucosidad del cérvix uterino cada día, y por eso permite conocer la fertilidad cada día, aunque el ciclo sea irregular. Sirve para mujeres con ciclos regulares e irregulares, y una vez conocido es tan fácil de seguir, que ha tenido éxito tanto en mujeres con buen nivel de estudios como muy bajo, incluso en lugares como la selva americana o las zonas rurales de China.

En China, precisamente, se estudió comparándolo con el DIU y se vio que su fiabilidad para evitar tener hijos era superior a la de éste, además de ser lógicamente mucho más seguro que ponerse un cuerpo extraño en el útero u hormonarse continuamente. Por supuesto, no tiene los problemas éticos del DIU e incluso la píldora, que pueden ser abortivos. Tampoco supone una ruptura de la esencia de la entrega sexual, como ocurre con los anticonceptivos, pues respeta la fertilidad -mucha, poca o ninguna- que la pareja tiene en el momento en que realiza el acto sexual. 

Es más, quienes han empezado a usarlo y han dejado atrás la experiencia de los anticonceptivos, comentan que ha existido un antes y un después en su relación sexual, amorosa, y a veces también en su actitud hacia la fertilidad. Muchos, al vivir una sexualidad con una entrega total, sin reservas anticonceptivas, han purificado su concepción de la vida en familia y han decidido que estaban negándose injustificadamente a tener más hijos. Dejar los anticonceptivos a menudo provoca también una caída de la mentalidad anticonceptiva, y los esposos deciden abrirse a la vida. No es de extrañar: cuerpo y alma son en nosotros una unidad indivisible, y la purificación del acto sexual purifica también la actitud en el matrimonio, en la familia. Es seguro que muchos problemas matrimoniales y familiares son derivados del uso de antioconceptivos, que sin darnos cuenta introducen un elemento extraño y negativo en nuestra relación familiar.

En el archivo enlazado AQUÍ se aporta información sobre un buen curso de monitores del método Billings. Se trata de formar formadores. Incluso es un servicio con el que luego, los formadores podrían tener una consulta remunerada, o añadirla a su cartera de servicios en el caso de los profesionales sanitarios. O bien ponerla a dosposición de su diócesis o centro educativo. Necesitamos monitores, ¡Anímate! ¡Pregúntale al Señor si quiere que tú seas uno/a!

Emilio Alegre
Farmacéutico

martes, 20 de octubre de 2015

Aborto y cáncer de mama: resultados confusos.

En 1994, Dailing y colaboradores publicaron, en el Journal of the National Cancer Institute, un estudio titulado "Riesgo de cáncer de mama en mujeres jóvenes: relación con el aborto provocado". Estudiando retrospectivamente los antecedentes de 944 mujeres con cáncer de mama, descubrieron que el riesgo de padecerlo estaba relacionado significativamente con haber sido sometidas un aborto provocado, en comparación con las que habían dado a luz a sus hijos. El aumento de riesgo encontrado fue muy elevado, del 50%. El aborto espontáneo no aumentaba el riesgo.

Sin embargo, en 2004 se publicó en Lancet una revisión sistemática de Beral y colaboradores que produjo resultados dudosos. Se mantenía la evidencia de que el aborto espontáneo no se asocia al cáncer de mama. En cuanto al aborto provocado, sí se obtuvo una relación significativa con el cáncer, pero al hacer diferencias por tipo de estudio, la asociación se observaba sólo en estudios de menor calidad (retrospectivos) y no en los de mayor calidad (estudios prospectivos).

Más recientemente, se publicó un gran estudio agregado (metaanálisis) que incluía datos de 36 estudios (2 prospectivos y 34 retrospectivos) con 15.150 mujeres chinas (Huang y colaboradores, publicado en la revista Cancer Causes control, 2014). Sus resultados corroboraron un aumento del 44% en el riesgo de cáncer de mama asociado al aborto provocado. Es más, el riesgo aumentaba un 76% si la mujer se había sometido a dos abortos, y un 89% si se habían sometido a tres. Los autores concluyeron que "el aborto provocado está significativamente asociado con un aumento del cáncer de mama en las mujeres chinas, y el riesgo de cáncer de mama aumenta con el número de abortos". Es más, apuntaron a que esto puede estar relacionado con el aumento de cáncer de mama que se está observando en China.

Pero nuevamente, otro metaanálisis, este sólo de estudios prospectivos, de mayor calidad, incluyendo un antiguo estudio danés con más de un millón de mujeres, no ha encontrado relación alguna entre el aborto y el cáncer de mama (Guo y colaboradores, Cancer Causes Control, 2015).

No parece haber una hipótesis convincente para tantas divergencias.  Resulta muy extraño que en un análisis se encuentre incluso una relación de "dosis-respuesta" (a mayor número de abortos, más riesgo) y que sin embargo en otros no se encuentre siquiera asociación. Es posible que el aborto esté relacionado con otros factores -psicosociales o de otro tipo- que sí sean los verdaderamente implicados en el aumento de cáncer de mama que se observa en los estudios restrospectivos. O es posible que los estudios prospectivos no tengan un tiempo suficiente de seguimiento como para comprobar el efecto.

En cualquier caso, esto es lo que conocemos y podemos referir. A día de hoy, tras muchos estudios, no estamos seguros de si existe o no relación entre el aborto provocado (el espontáneo, sabemos que no) y el cáncer de mama. Si avanzamos en el conocmiento de este problema, trataremos de actualizarlo.

miércoles, 7 de octubre de 2015

El caso de Karen Quinlan: ¿humanismo cristiano o eutanasia?

Emilio Jesús Alegre del Rey
Farmacéutico especialista en farmacia hospitalaria. Hospital Universitario de Puerto Real (Cádiz)
El caso de Karen Ann Quinlan fue un hito en la lucha contra el encarnizamiento terapéutico en sus aspectos legales. Los Quinlan eran católicos practicantes, y pidieron la retirada del ventilador mecánico después de consultar con su párroco, que estuvo de acuerdo con esta decisión (ABC Madrid, 28.10.1975). El matrimonio Quinlan argumentó en su petición que mantener con vida a su hija Karen por medios artificiales, cuando no existía ninguna esperanza de recuperación, iba en contra de la naturaleza humana, y que Karen debería encontrar cuanto antes su eterno descanso en el Señor. El propio obispo de New Jersey, su diócesis, transmitió públicamente y en nombre de la Iglesia, la aprobación de la doctrina católica ante la desconexión de un soporte vital extraordinario que no aportaba un beneficio proporcionado:
“La opinion médica especializada ha establecido que Karen Ann Quinlan no tiene una esperanza razonable de recuperación de su estado comatoso a pesar del uso de las intervenciones médicas disponibles. La continuidad de medidas mecánicas de soporte cardiorrespiratorio para mantener sus funciones corporales y su vida constituyen medios extraordinarios de tratamiento. Por tanto, la decisión de Joseph y Julia Quinlan de pedir la retirada de este tratamiento, de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Católica, es una decisión moralmente correcta”.Lawrence Casey,Obispo de New Jersey. “The Case of Karen Quinlan,” Origins 1975,5(22), 337-341.
Situémonos en el contexto: las leyes obligaban al mantenimiento de las medidas de soporte vital. La diferenciación entre medidas de soporte ordinarias y extraordinarias estaba aún confusa en la mente de algunos profesionales sanitarios y no había llegado a consolidarse en la jurisprudencia, por eso este caso era particularmente importante. El rápido avance de la tecnología médica había hecho posible mantener con vida a personas que años antes habrían muerto rápidamente. Pero eso abría la puerta a un mal uso de la técnica en situaciones en las que no cabía esperar un beneficio razonable, mostrando una no aceptación de la muerte. En este caso, vemos como precisamente la distinción entre medidas ordinarias y extraordinarias, contribuyó a la lucha contra el encarnizamiento terapéutico, propugnada ya entonces desde el pensamiento cristiano.
El problema de Karen Quinlan surgió porque el facultativo que la atendía se negó a la retirada del tratamiento. Sin embargo, varios peritos alegaron en el juicio lo que ya entonces se asumía en la praxis médica: usar un ventilador mecánico en una paciente sin posibilidades de recuperación era aplicar una técnica extraordinaria y desproporcionada (p. ej., Dr. Julius Korein, neurólogo; ABC, 24.10.1975). La clave del juicio se centró entonces precisamente en determinar la diferencia entre tratamiento “ordinario” y “extraordinario”. El Dr. Korein aclaró: “Según mi opinión, es ordinario usar un respirador artificial cuando se trata de una situación aguda. Es ordinario usar todo tipo de recursos en una sala de emergencia”.
Hoy, para referirnos a lo mismo, preferimos hablar de medidas “proporcionadas” o “desproporcionadas”, que son términos más claros. La falta de diferenciación entre medidas de soporte vital ordinario o extraordinario, proporcionadas o desproporcionadas, era entonces propia de un pensamiento integrista y alejado de la doctrina cristiana, que conducía al encarnizamiento terapéutico. Curiosamente, esa misma falta de diferenciación se produce también en el otro extremo: entre los defensores de la eutanasia. Así, la ley de “muerte digna” de Andalucía establece que puede ser reprensible el mantenimiento de medidas de soporte vital en pacientes terminales, sin especificar una distinción entre medidas proporcionadas –como la alimentación y la hidratación en muchos casos- o desproporcionadas –como la ventilación mecánica cuando no hay recuperación posible-. Afortunadamente, la ley navarra no ha caído es el mismo error, evitando una aproximación al problema tan simplista como anacrónica y alejada de la praxis médica.
¿Por qué, entonces, sectores pro-eutanasia han hecho del caso Quinlan una bandera? En mi opinión, se trata de una maniobra de confusión, para hacer parecer que la lucha contra el encarnizamiento terapéutico y la eutanasia son la misma cosa, cuando responden a concepciones tan distintas. Y de paso, para adjudicarse una medalla que no les corresponde a ellos, sino al humanismo cristiano.
Contra lo que todos esperaban, cuando a Karen le fue retirada la ventilación, tras una ardua batalla legal, no murió. Entonces, sus padres siguieron cuidándola y celebrando cada cumpleaños con una misa en su habitación. Murió nueve años después, de neumonía, en brazos de su madre (ABC Madrid 30.3.1983/13.6.1985). Con el dinero recaudado por la venta de un “best-seller” sobre el caso, el matrimonio fundó un hospicio al que pusieron por nombre “Centro Karen Ann Quinlan de la Esperanza”.