viernes, 30 de noviembre de 2012

El cuento del preservativo

El 1 de Diciembre es el día de la lucha contra el SIDA. La epidemia del SIDA en África acaba con la vida de millones de personas. Los medicamentos para el SIDA son muy caros porque están bajo patente comercial, pero resultan baratísimos de fabricar, y tratando el VIH a tiempo, se reduce la transmisión (la carga viral en sangre se hace indetectable, y la infectividad baja). Pero la mayoría de grandes empresas que tienen la patente de estos medicamentos no permiten fabricarlos en países subdesarrollados a bajo coste. ¿Por qué, si no ganarían ni perderían nada, ya que, de todas formas, los países africanos no los pueden comprar a precios elevados? Se ha tardado más de una década en que se bajen los precios para África subsahariana, pero aún no lo suficiente como para conseguir que estén al alcance de la mayoría.  
Existen fuertes intereses económicos en que África siga estando subdesarrollada y "controlada", y para eso es imprescindible controlar su población. No parece probable que el SIDA haya sido fabricado en laboratorio, pero está viniendo muy bien para lo que algunos querían: reducir las poblaciones africanas y mantenerlas en el subdesarrollo. No podían perder la oportunidad de aprovecharlo.

Los españoles conocemos de cerca un caso ejemplar para entender por qué pasa esto: el de la población saharaui, que sigue durante décadas sumida en la injusticia y el subdesarrollo bajo control marroquí, mientras las multinacionales expolian los fosfatos que hay en su subsuelo. Si se desarrolla África, empezará a consumir por sí misma las materias primas estratégicas que posee, y las multinacionales ya no podrán llevárselas a precio de saldo, especialmente las de los EEUU y otros países industrializados.  Es posible que, por esa razón, los grandes accionistas de las multinacionales farmacéuticas, que con toda probabilidad son los mismos que poseen acciones en grandes industrias consumidoras de materias primas, no consienten en que se liberalice la producción de esos fármacos baratos que podrían paliar muchísimo la epidemia del SIDA en África. En cambio, esos mismos inversores, con la Fundación Rockefeller, la Fundación Ford, las fundaciones de los Gates, etc., colaboran a bombo y platillo en campañas, dirigidas por la ONU, de reparto masivo de preservativos. Si tanto les importa el SIDA en África, ¿por qué no promueven, facilitan o permiten la fabricación -que sería baratísima y muy sencilla- de genéricos de los fármacos antirretrovirales en África?

¿Por qué empresas que gastan millones en dar apariencia de "responsabilidad social corporativa", no están dispuestas en cambio a ceder sus fármacos a precio de coste (es decir, baratísimos) a países africanos que no pueden comprarlos, o al menos permiten que se fabriquen genéricos? Muchas veces se ha usado la idea de que si se fabricaban genéricos en estos países, se desviarían para el consumo en países desarrollados que sí pueden comprarlos. Es una idea plausible, pero irreal: eso nunca ha sucedido. Nunca.

Hay excepciones a la regla de no facilitar fármacos a los africanos. Boehringer Ingelheim es una gran empresa farmacéutica (entre las 10 mayores del mundo), que curiosamente no sale a bolsa, porque es propiedad de una familia alemana. Por consiguiente, no tiene intereses cruzados en la obtención de materias primas industriales, ni en el subdesarrollo africano. Boehringer ofrece allí gratuitamente su fármaco anti-VIH nevirapina, y permite la fabricación de genéricos muy baratos. Con eso no pierde nada, y da una gran imagen corporativa. Así se está impidiendo la transmisión materno-fetal del VIH, pero sólo con este fármaco no se consigue mantener a los pacientes sin infecciones ni frenar la transmisión.

Hace años que se ha demostrado que la estrategia del preservativo solo es inefectiva. Sabemos hace años que el preservativo tiene una probabilidad de no evitar un embarazo de alrededor del 15% (por rotura, deslizamiento, defectos técnicos, etc.), y ocurre lo mismo con la transmisión del VIH. Ser promiscuo usando preservativo en un entorno con una elevada prevalencia de SIDA es como jugar a la ruleta rusa: le quitas 5 balas a la pistola, pero le sigue quedando una, así que es cuestión de tiempo que te toque bala. Eso sin contar con que la promiscuidad y el autocontrol no suelen ir unidos, todo lo contrario, por lo que muchas veces el preservativo se "olvida".

Ya hace más de una década, en Uganda se dieron cuenta de que la promoción del "sexo seguro" les estaba matando -en palabras de su presidente-, porque estaba dando a las personas con comportamientos sexuales arriesgados una falsa sensación de invulnerabilidad, y facilitando la extensión de estos comportamientos en una situación de éxodo rural, desarraigo cultural y alta prevalencia de VIH. Por tanto, el gobierno se embarcó en una estrategia doble: informar con seriedad de la gravedad de la epidemia y promover la fidelidad en parejas estables, para evitar el contagio. Así fue el único país africano que consiguió frenar la epidemia. En pocos años, las relaciones sexuales prematrimoniales se redujeron desde el 60% al 20% en Kampala, y paralelamente, la tasa de infección por VIH se redujo del 30% al 10%, mientras en los demás países el SIDA seguía su vertiginoso ascenso entre masivos repartos de condones. Los epidemiólogos aprendieron de esto y propusieron la estrategia "ABC": "Abstinence" si no tienes pareja estable, "Be faithful" (sé fiel) si tienes pareja estable. Y si todo esto falla y eres incapaz de controlarte, "Condom" y que no te pase nada... Solo les faltaba una letra, la "D": si estás infectado, toma "Drugs" (fármacos). Fármacos que casi nadie estaba dispuesto a suministrar a los africanos. ¿Por qué condones sí y fármacos no?

En "premio" al único país de todo el continente que había conseguido frenar la epidemia, ONUSIDA le retiró a Uganda todas sus ayudas económicas. La ONU es el principal organismo implicado en el control poblacional a nivel mundial. Así, los grandes accionistas y los gobiernos que dependen de ellos, disimulan el imperialismo demográfico con la apariencia de políticas de salud reproductiva y planificación familiar.

Más tarde, Kenia siguió los pasos de Uganda (dejar de predicar el "sexo seguro" y tomarse las cosas en serio), con idéntico resultado: reducción drástica en pocos años de la tasa de infección VIH.

Como se ve, todo esto de la estrategia CCC (condom-condom-condom) se presenta como algo muy progresista, pero lo que está detrás son los intereses de las grandes industrias de países desarrollados y el gobierno americano, que quedan claros al leer el Memorandum 200 de Seguridad Nacional de los EEUU. Con la estrategia de favorecer la extensión del SIDA en África, repartiendo preservativos masivamente pero negando los medicamentos, y cerrándose a programas para evitar la promiscuidad, contribuyen a cumplir lo que ya se propusieron hace años en aquel Memorándum, origen del informe Kissinger y de las Conferencias Mundiales de la Población: mantener a los países pobres en el subdesarrollo para poder seguir expoliando sus materias primas, estratégicas para los intereses económicos de los EEUU y otros países industrializados.

jueves, 27 de septiembre de 2012

España tiene arreglo


   Trabajo en mi puesto de farmacéutico en la sanidad pública, intentando la máxima eficiencia. Pero he llegado a un punto en el que me siento como el que intenta achicar con un cubo mientras el barco se hunde. ¿De qué sirve hacer nuestro trabajo si nuestros políticos  son incapaces de gestionar como se debe? Por cada euro que ahorramos, cientos se siguen malgastando por una gestión inapropiada en plena crisis galopante. Millones de euros se siguen yendo a empresas públicas ineficientes e inútiles en su mayoría, ocupadas por cuñados, sobrinos y gente con carnet. Cuando es necesario priorizar las actividades básicas, muchos médicos tienen que seguir empleando tiempo en rellenar formularios obligatorios, que en su gran mayoría no aportan nada, y cuyo único sentido es justificar la existencia de empresas públicas ineficientes, en lugar de atender mejor a sus pacientes.

   Y esto que pasa aquí, sucede en toda España y a todos los niveles. La gestión de lo público sucumbe a los intereses de las grandes maquinarias impersonales de los partidos, estructuras generadas para acumular poder y que se han apoderado de la política, lo mismo que el ordenador se apoderaba de la nave espacial y de su tripulante en "2001: una odisea del espacio". Son máquinas tontas, capaces de suicidarse y hundir el país mientras sigan acumulando poder.

   Huyendo del populismo, ni bajar los sueldos de los políticos, ni eliminar las pensiones vitalicias va a arreglar este desastre de financiación del estado. Eso, aunque sea hiriente en muchos casos y haya que arreglarlo, es el chocolate del loro. Pero no es el chocolate del loro el derroche que se sigue haciendo con dinero público. La mayor parte de este derroche se va en pagar estructuras paralelas de gestión pública, creadas en tiempos de bonanza, y que ahora son un lastre insoportable. Estas estructuras están llenas de miles de politiquillos, sindicalistas, asesores, técnicos, etc., elegidos a dedo entre los familiares, amigos y conocidos de la gente del partido de turno, sea PP, PSOE, o el que sea. En algunas comunidades, como la andaluza, esta red paralela supera en volumen de personal a los funcionarios de la administración oficial. Es necesario que la lista del paro se incremente durante un trimestre con todas estas personas que no aportan un trabajo eficiente ni prioritario al estado, para que el sistema público vuelva a funcionar, para crear empleo y poder mantener las pensiones, la atención sanitaria y la educación. Necesitamos eliminar municipios y diputaciones, y también la mayoría de las Comunidades Autónomas. Se crearon para contentar a catalanes y vascos, y no sólo no les ha contentado el "café para todos", sino que han sido un elemento más disgregador que unificador, y más empobrecedor que enriquecedor, porque cuantos más políticos hay, a menos mecanismos de control toca por cada uno de ellos, y más corrupción cabe.

   Rajoy se ha mostrado incapaz de meter la tijera ahí, porque cortaría a los suyos, a sus familiares y amigos, y eso no lo quieren ni desde el PSOE ni desde el PP. El lema de ambos, cuando se trata de "las cosas de comer" es: "vamos a llevarnos bien" (a costa de los impuestos a los españoles). No sé ustedes, pero si a mí me dan a elegir entre tener una televisión autonómica o tener a alguien que me opere bien y rápido si me aparece un problema cardiaco, prefiero lo segundo. Al paso que vamos, nos estamos cargando los servicios públicos con tal de seguir alimentando a la clase política y a sus amigos y familiares. ¡Claro que los prestamistas internacionales nos prestan caro el dinero...! ¡Si saben que seguimos con ese lastre de ineficiencia, que seguimos siendo incapaces de gestionar bien lo público! Así, pasado mañana, con intervención o sin ella, la idea de que uno tiene derecho a que le atiendan o eduquen bien a sus hijos, o tener una pensión por el mero hecho de ser ciudadano, habrá desaparecido. Habrá personas con derecho a una sanidad de calidad porque pueden pagársela o trabajan en una empresa que concierta el seguro, y otros que tendrán derecho a unos cuidados mínimos sólo cuando se estén muriendo. Clases totalmente separadas, como si viviéramos en países distintos.

   Otro gran problema es que los partidos son máquinas de publicidad. Vivimos no en una democracia, sino en una oligarquía publicitaria, que consolida el poder gestionando la desinformación y manipulando el criterio del ciudadano medio. Cuanto más dinero usan en publicitar, en manipular, en comprar diarios y televisiones, en adueñarse de la voluntad de sindicatos y asociaciones ciudadanas, más fácil es controlar a los votantes. Así se han convertido en máquinas de tragar dinero para publicitar más, y más y más. No les vale con las cantidades que obtienen del dinero de nuestros impuestos, sino que se financian a través de ayudas privadas de donantes, a los que, salga quien salga -porque apuestan a todos los caballos-, luego hay que beneficiar cuando se llega al poder. Sucede en USA y también aquí. Pero los que nos estamos hundiendo ahora somos nosotros, así que no consuela que le pase también al vecino. Esas empresas y lobbys  benefactores de los partidos, cobran luego de contratos públicos del estado, o tienen intereses afectados por el estado, y eso hace que, ahora mismo, en plena crisis, se siga mirando para otro lado y gastando millonadas de forma ineficiente en recursos mal gestionados, que podrían salir mucho más baratos -por ejemplo, esto sucede en el consumo de medicamentos-, y que se tomen decisiones legislativas no del todo dirigidas al bien común, sino al bien de los bienhechores del partido. Es como si un ama de casa no mirase los precios a la hora de comprar, y comprase siempre unas determinadas marcas, más caras, que la tienen "abducida". Hundiría la economía de su casa. Pues eso es lo que ocurre a nivel global, nacional, autonómico y local: la política está comprada por el poder económico, está prostituida. No sirve al bien común de las personas, sino a las empresas, a la oligarquía económica española y mundial.

   Sucede todo esto, en España, tras una estafa monumental que ha empeñado y esclavizado de por vida a toda una generación de jóvenes, sometiéndoles a una servidumbre propia del feudalismo, en la que los señores feudales son los bancos. Esa estafa nacional se ha producido por el hinchamiento artificial de los precios de un bien de primera necesidad como es la vivienda, permitido y favorecido también desde el poder político, por el PP y por el PSOE. Los bancos aumentaban y facilitaban los préstamos hasta del 100% del valor del piso, y nosotros contribuiamos aumentando el precio de salida de nuestra casa, o entrampándonos en una compra que estaba al límite de nuestras posibilidades. En la Edad Media, los buenos reyes prohibían especular con el precio de artículos de primera necesidad, como el trigo, y contrapesaban el poder de la nobleza (económico), para proteger al pueblo. Pero en este moderno reino republicano, ya no hay contrapesos independientes que protejan al pueblo, y nadie ha impedido la especulación con la vivienda. La tremenda estafa nacional de la especulación inmobiliaria, junto a una crisis ética que ha disparado los divorcios, ha reducido de forma importante la natalidad y ha dañado gravemente a las familias. La familia es un motor económico y un colchón social de primer orden. Es impagable el bien económico que genera una familia estable, que tiene hijos, los cuida, los atiende con el tiempo que necesitan, los educa y les ayuda en lo que necesiten, además del beneficio para los esposos, incluso cuando éstos llegan a ancianos.

Finalmente, todo esto representa el resultado de una crisis ética de toda la población, en la que todos hemos caído, y me incluyo. Hemos salido de la dictadura y hemos tirado toda la ética a la basura, como si todo eso fuera invento de Franco. Eso ha minado la confianza a todos los niveles, y minar la confianza dispara los costes. El ahorro que supone la honradez del ciudadano medio es impagable. Saber que te van a pagar a tiempo el trabajo que te han encargado, saber que tienes una familia para toda la vida, saber que no te van a ocultar algo importante al comprar un inmueble, saber que tus clientes o empleados no aceptan sobornos, sino que eligen el mejor producto o servicio para su empresa, moverte en un entorno donde lo normal es la honradez y la eficiencia en el trabajo, saber que el periódico que compras no omite ni selecciona información según la conveniencia de alguien, saber que tu sindicato vela por los intereses de los trabajadores y no asume pactos bajo cuerda... ¡todo eso es impagable! La confianza sustenta la economía, y perderla tiene unos costes tales que hunden la actividad económica. Además, los políticos son reflejo de la población general, solo que están expuestos a más tentaciones. Si los ciudadanos son pícaros, los políticos serán corruptos.

¿Qué solución tiene esto? Primero, cambiar nosotros. Necesitamos darnos cuenta de que no podemos seguir así, y me incluyo. De que no podemos seguir perdiendo horas en mirar el facebook en el trabajo, de que no podemos seguir aceptando sobornos para elegir una empresa de mensajería o un contratista de obras, de que no podemos llevarnos los folios a casa, y tenemos que comprarlos en la papelería. Eso vale para trabajadores públicos y privados. Tenemos que rearmarnos espiritual y éticamente, no dejar para el último día el buscar un sentido a la vida; no podemos seguir viviendo como zombis: somos personas. Segundo, hay que cambiar la estructura de los partidos, que se han apoderado del poder político. Hay que hacer listas abiertas, hay que limitar los gastos de las campañas, hay que impedir las prebendas a medios de comunicación, hay que eliminar los medios de comunicación creados y mantenidos al servicio de los políticos. Hay que facilitar la aparición de nuevas iniciativas políticas, y no frenarlas en aras de la "gobernabilidad" (o sea, del reparto de la tarta de forma que les siga tocando a los mismos). El monopolio político conduce a lo que conduce la falta de competencia en todos los ámbitos: al abuso. Hay que establecer mecanismos que independicen la política del poder económico, y que blinden el poder judicial: jueces independientes garantizan que la corrupción no tenga premio, que deje de ser rentable. Tercero: Hay que limitar el poder de los políticos, haciendo que el dinero público vaya a pagar sueldos de personas elegidas por oposición objetiva de mérito y capacidad, y no a empresas públicas con individuos colocados a dedo. Hay que profesionalizar y despolitizar las funciones públicas, eliminando las empresas públicas, empezando por las televisiones. Hay que respetar la autonomía de los ciudadanos, desde la familia hasta la acción social y la empresa. Hay que primar, aún más en estos tiempos de crisis, la ayuda a los más desfavorecidos, siendo austeros en lo demás y eliminando gastos que no son necesarios, de los que tan amantes son los malos gestores para salir en los periódicos. Hay que penalizar, usando todos los mecanismos e influencias del estado, a las personas que han contribuido a la estafa inmobiliaria o se han favorecido de ella, impidiendo que sigan gestionando empresas y que se beneficien de pensiones millonarias. Hay que fortalecer los contrapoderes, para evitar que el poder económico prostituya continuamente la política. Hay que contratar inspectores, e inspeccionar muchísimo a las empresas para que cumplan las leyes y los derechos laborales, porque en los tiempos de penuria se corre el riesgo de mercantilizar el trabajo, considerando al trabajador como a una máquina. Hay que facilitar y hacer más sencillo para los autónomos y pequeñas empresas el cumplimiento de las normas, haciendo aflorar la economía sumergida. Hay que ser responsables y dejar de sembrar cizaña, de embarcar a la gente en desuniones artificiales cuyo objetivo es sacar tajada política, como son el separatismo catalán o vasco, sin perjuicio de respetar su autonomía específica como naciones solidarias en la gran nación española. Y hay que saber que somos España, y que con una regeneración como la que necesitamos, somos capaces de hacer cosas grandes.

   Todo esto es una reforma radical, pero es que estamos ante un reto radical: o cambiamos, o nos hundimos. Si alguien ve otra salida, que lo diga; yo no la veo, a menos que venga el hada madrina esperada por ZP. ¿Y quién liderará esto? Nuestros políticos actuales no quieren hacerlo, porque perjudica a sus bienhechores, amigos y familiares. Hay que presionarles para que lo hagan, para que asuman estas demandas de la ciudadanía, porque así no podemos seguir. Que lo hagan, o que dimitan y den paso a otros, capaces de acometer las radicales reformas necesarias. Creo que, para empezar, Rajoy debe dimitir, porque España necesitaba todo esto de su presidente, y no ha hecho nada. Seguramente él ya no puede cambiar, porque debe mucho a los que le han ayudado a subir. Una intervención extranjera estaría libre de esos condicionamientos, pero tendría otros, y no buscaría el bien de los españoles, sino el de quienes prestan el dinero. Y aún hay que evitar lo peor que puede suceder en estos casos: que venga un líder populista y ofrezca un discurso ideológico y simplista al que se agarren las personas sin esperanza, ofreciendo un culpable a todos los males: el culpable es siempre otro (los políticos, los bancos, el sistema, los fachas, el PSOE, la Merckel); nosotros somos los buenos, los que siempre cumplimos nuestra parte (falso). El movimiento 15-M corre ese riesgo, de ser manipulado por ideologías radicales y simplistas, como ya se ha visto en varias ocasiones, y varios grupos políticos de izquierda, empezando por IU y contando con sectores del PSOE, explotan esa línea, con su falso discurso solidario. Pero es que es casi inevitable que, si no se hacen reformas, aparezca el fantasma de la revolución, la violencia y la tiranía ideológica, porque las personas necesitan una esperanza, necesitan confianza. La cuestión ahora es: ¿habrá alguien sensato, capaz de alcanzar y ejercer el poder, libre de condicionamientos previos, y liderar la salida de España del pozo con prudencia pero con decisión, buscando el bien común? Hay que rezar.

lunes, 13 de febrero de 2012

... y la OMC se empecina en sus errores

Tras la magnífica tribuna de José Jara, presidente de la Asociacion de Bioética de Madrid (ABIMAD), en Diario Médico, en la que señalaba dos de las numerosas fallas del fatídico Código de Ética y Deontología publicado por la OMC, una airada y penosa respuesta de la Comisión Deontológica (9.2.2012 en Diario Médico, ver abajo) no se hizo esperar. En ella, se llama implícitamente "acto médico" al aborto. Ya veíamos que el Código lo trataba así; al menos en esta contestación ha quedado claro que eso es lo que estaba en el ánimo de los autores al redactar tamaña bazofia. Es hipocresía afirmar en lo teórico que se defiende la vida y, en lo concreto, no sólo no defenderla, sino amenazarla, y meter presión a los profesionales que la defienden. En mi experiencia profesional, las zancadillas ha venido de compañeros  que se decían "contrarios al aborto, pero..." firman un protocolo que incluye el aborto, censuran una actuación que defiende la vida o evitan sacar una discusión que les incomoda y prefieren mirar para otro lado. Dar la nota, desprestigia... Hay que convivir en armonía siempre que se pueda... y se acaba haciendo cosas como este Código, sin darse siquiera cuenta de la barbarie en que se ha caído.

"Entre pacientes civilizados y médicos civilizados el respeto mutuo ha de ser total" -señalan estos expertos en nadar y guardar la ropa, acaso olvidándose de que el embrión o feto es también paciente, y el más débil, y decirle a su madre que le corresponde el derecho a matarle legalmente, o llamar acto médico a acabar con su vida, es mucho más que falta de respeto. Y es que los no nacidos no están tan civilizados, ni entienden de sutilezas; los pobres sólo saben vivir o morir. Hay quienes los matan en una sala con apariencia de quirófano, y quienes desprecian su vida en un panfleto con apariencia de código de ética. Ni lo primero es un acto médico, ni lo segundo es un tratado del deber ético y profesional de un médico, sino lo contrario.

Con "amigos" así, los profesionales provida no necesitan enemigos. Ni los médicos provida necesitan un Colegio. Sí, la colegiación obligatoria ha sobrevivido a la era Zapatero, pero... ¿a qué precio? Y ¿para qué? ¿Para esto? ¿Para dejar tirados a los médicos de familia que se niegan a dar el sobre del aborto? ¿Para amenazar a los obstetras que no se implican en ofrecer el aborto cuando detectan un problema? ¿Para dejar a los pies de los caballos a las instituciones que se niegan a realizar abortos o dar píldoras de efecto abortivo? ¿Para aceptar como actos médicos el aborto y la esterilización? ¿Para dejar vendidos a los médicos que dan consejos saludables y éticos, bajo sospecha de imponer sus propias creencias? Para todo eso, lo que verdaderamente sobra es la Ética.




lunes, 6 de febrero de 2012

AEBI se equivoca (II)

Como envié a AEBI las consideraciones que escribí en la entrada anterior, me han respondido (rápidamente, por cierto). Me dicen que repare en esta última frase de su comunicado:

"Finalmente, pensamos que es compatible que las normas deontológicas marquen el grado de excelencia ética profesional y al mismo tiempo indiquen el posible choque con lo legalmente permitido sin que esto suponga un deterioro de la norma deontológica, especialmente de cara, no sólo a los profesionales mismos, sino a otras instancias sociales".

Salvando la natural discreción, transcribo lo que he contestado:

Lo siento, la verdad es que no sé si entiendo el significado de esa frase del final del comunicado, a pesar de haberla releído con toda mi atención varias veces. Si no entiendo mal, puede querer decir que hay quienes estimarían que una norma deontológica que se aparta de la ley pierde su razón de ser, y que AEBI, en cambio, piensa que se puede enunciar en ella una excelencia ética profesional y señalar que ésta puede chocar con la ley vigente, sin que el código deontológico se desnaturalice.

Si es así, no es de eso de lo que les he hablado en mi mensaje (ver entrada anterior), ni de lo que se trata, sino de un Código que obliga a actuar de forma no ética, de acuerdo con la ley, cuando lo esperable sería que señalara la obligación de desobedecer esa ley o, al menos, que omitiera como deberes las exigencias no éticas de la ley. Lamentablemente, no lo hace, incluso niega la objeción de conciencia al médico que no quiera informar a una embarazada de que puede abortar legalmente al hijo al que le acaba de diagnosticar una anomalía (sinceramente, no veo que se pueda entender otra cosa cuando se habla de "información" en el art. 55). NOTA: en el comunicado de AEBI, se dice que la interpretación del Código depende de lo que se entienda por "información". Yo me temo que sólo hay un significado posible, lo que varía es la valortación ética que algunos le dan a esa información: hay a quienes les parece bien, porque puede servir para, además, tratar de disuadir del aborto a la embarazada, y hay quienes piensan -como yo- que informar sobre la posibilidad de abortar equivale a ofrecer el aborto, y eso nunca puede estar bien.

Yo diría, de forma análoga a aquella frase de su comunicado, que un código deontológico, para ser verdaderamente aceptable como tal, debe exponer la obligación de cumplir con la conduca éticamente exigible a un profesional, tanto en la acción como en la omisión de lo inaceptable, aunque sean contrarias a la ley.

Dice la contestación de AEBI, y estoy de acuerdo: "Esta claro para AEBI que existen unos deberes éticos propios de la profesión que tienen que inspirar la deontología y que pueden estar enfrentados a la legalidad. Y estos deben aparecer en el código aunque se opongan a lo legalmente permitidos". Sin embargo, esto no sucede en este Código. ¿Por qué no lo han señalado, si se estaba hablando de esto precisamente?

Es más, en este Código no sólo se omiten deberes éticos enfrentados a la legalidad, sino que se imponen deberes deontológicos contrarios a la ética, y AEBI se ha limitado a decir que la redacción es "mejorable". Con este Código no sólo no se obliga a actuar bien, sino que se obliga a hacer el mal. Y esto AEBI no lo ha denunciado en su comunicado. Estas obligaciones del Código son realmente penosas, ¿no se dan ustedes cuenta de la gravedad extrema de estas cosas? Perdonen que sea tran franco, pero me parece que, enmarañados en sutilezas, no se dan cuenta del grosor de lo que están dejando pasar.

Hoy en día, se calcula que 75 millones de seres humanos mueren anualmente en el mundo por el aborto. En cuanto al cribado prenatal de anomalías cromosómicas, se ha constituido en la puerta de un genocidio, tal como lo era en la Alemania nazi el "diagnóstico" de la raza judía. La situación que tratamos no es éticamente mucho mejor que la de entonces. Como sabe, tras la guerra se tuvo noticia, en los juicios de Nüremberg, de los profesionales que cumplieron con la ley -algunos incluso con la intención de salvar, al menos, a unos pocos- pero colaborando en la maquinaria de exterminio de los "indeseables". A mi juicio, este Código pseudo-deontológico incurre claramente en ese delito.

AEBI se equivoca: el deber -también civil- es desobedecer la ley cuando es injusta

  La Asociación Española de Bioética ha escrito un comunicado relacionado con la objeción de conciencia y el Código de Ética y Deontología Médica. Si lo he entendido bien, aunque señala algunas de sus "ambigüedades", justifica el Código diciendo que la deontología está relacionada con la ley, y que lo que está mal es la ley, que es injusta.

   Pero la deontología no es otra cosa que el tratado de los deberes (definición RAE). El texto de AEBI sobre el Código de Ética y Deontología Médica me parece que trasluce el mismo error que ha inspirado el Código: separar de forma extrema el deber civil del deber ético, como si fueran independientes. Son distintos, pero el deber civil debe ser ético, o no existe.  Dice AEBI en su comunicado: "los Códigos deontológicos son sensibles a las normas sociales y deben ser acordes con la legislación vigente". Pero esto no es cierto, porque el deber -incluso civil- del médico es desobedecer una norma injusta, que va contra el "ethos" de la profesión.

  Parece incluso que pueda defenderse este error desde el punto de vista cristiano, entendiendo (mal) la enseñanza de Jesús: "dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Y usar esto para diferenciar entre deber civil y deber ético. Así, se entendería que lo que ocurre es un conflicto de deberes: el deber ético -que se debería a Dios- de no cooperar con el aborto y el deber civil -que se debería al César, según esta visión equivocada- de cooperar con el aborto. Eso nos lleva igualmente a desobedecer la ley, pero la base es errónea y lleva a engendros indefendibles como el Código de marras. Y es una equivocación, porque cuando el "César" ejerce injustamente su poder, y pretende usar su autoridad para obligar a otros a actuar injustamente, su autoridad en esa materia desaparece, y el deber -incluso civil- es desobedecerle. La razón es que toda autoridad viene de Dios, y el César no tiene autoridad por sí mismo, ni por sufragio universal. Por eso, creo que es costumbre -y buena costumbre- que la deontología sea inseparable de la Ética.
---

AÑADIDO POSTERIOR: En realidad ni siquiera sé por qué discutimos de todo esto, porque cuando el Código establece, al referirse al aborto, que informar a la embarazada de los derechos que la ley le otorga en esta materia es algo que no puede omitirse, NI SIQUIERA POR OBJECIÓN DE CONCIENCIA, está claramente diciendo que se trata de una obligación ÉTICA, no meramente deontológica. Es tan espantoso que no hay por donde cogerlo, pero muchos -como ahora AEBI- insisten en intentarlo. Lo curioso es que ya no me sorprende...

jueves, 2 de febrero de 2012

Ataque a la evaluación de medicamentos independiente de la industria


 La lucha para difundir análisis críticos de los medicamentos topa a menudo con la enorme maquinaria promocional de la industria farmacéutica. En esta lucha tan desigual, resulta increíble que un gestor público se alinee con lo peor de la industria farmacéutica, para acallar por la fuerza la información científica independiente.

 Esto es lo que acaba de pasar en el servicio público de salud balear, Ib-salut. Se ha negado la renovación del contrato a la farmacéutica Cecilia Calvo por un artículo, publicado en el magnífico blog de El Comprimido (Hospital Son Espases), en el cual puso en tela de juicio, aportando datos científicos, la eficacia de los injustamente llamados "condroprotectores" (condroitínsulfato, glucosamina, etc.). Además, el director de Ib-Salut ha remitido a los profesionales una nota en la que, con su propio criterio, defiende a estos fármacos. A Farmaindustria le ha faltado tiempo para aplaudir, negando incluso el derecho a cuestionar la eficacia de los medicamentos autorizados.

 Que el que tiene la obligación de velar por el uso adecuado de medicamentos en el servicio sanitario que gestiona se alinee con la industria farmacéutica, es ya inaudito. Lo ha hecho, además, para defender unos fármacos cuya utilidad ha sido ampliamente discutida en la prensa científica. Nosotros mismos elaboramos un informe cuestionando su utilidad, que finalizaba así:

"En conclusión, el efecto de estos fármacos (glucosamina y condroitín sulfato) puede ser explicado en gran medida, y tal vez totalmente, por un efecto placebo.

Por tanto, se trata de principios activos de eficacia dudosa y consideramos que el indicador de calidad de prescripción de AINE es consecuente al excluirlos de los fármacos de elección. Pensamos que la Guía del PAI de artrosis de rodilla y cadera debería modificarse".


 Este ataque, además, se ha llevado a cabo contra un grupo de evaluadores, como es el del Hospital Son Espases, que consideramos una referencia de calidad a nivel nacional e internacional. Y, en definitiva, constituye un ataque en toda regla a la independencia científica, dejando vía libre para que la salud de los ciudadanos pueda ser mercantilizada sin oposición.

 La tentación de algunas empresas farmacéuticas de acallar las voces críticas que publican cuestionamientos científicos a sus productos no es nueva. La excesiva influencia de estas empresas sobre algunos poderes públicos también es patente: si no fuera así, y si tuviéramos en España un organismo evaluador serio como el "National Institute for Clinical Excellence" inglés o el "Infarmed" portugués, otro gallo nos cantaría. Si se evaluaran críticamente los beneficios de los medicamentos antes de acordar sus precios y su financiación, tendríamos más médicos en los servicios de salud y menos listas de espera. En nuestra comunidad andaluza, recordamos cómo se financiaron específicamente medicamentos de valor intrínseco no elevado (fue en 1998, pero se siguen financiando) y cómo, en 2009, "desaparecieron" las novedades terapéuticas no recomendadas de los objetivos de prescripción hospitalarios. Todo eso es algo con lo que venimos lidiando a lo largo de los años, no exentos de amenazas ni sinsabores. Lo que no tiene precendentes es que un gerente de la cosa pública, con completa ignorancia de la cuestión científica, se preste de forma tan clara a actuar de ejecutor para esa enorme maquinaria promocional y mercantil. Y Farmaindustria, con su anuencia, se ha señalado públicamente como entidad defensora de lo menos ético de esa actividad económica. Si esta es la imagen que quieren promocionar de la industria farmacéutica, deberían pensárselo dos veces.

 Por eso, con completa independencia de cuestiones políticas, que nada tienen que ver con esto, protestamos por la indebida intromisión de un gerente en la labor profesional de quienes, cada día, nos esforzamos por ofrecer información independiente para promover un uso adecuado del medicamento y de los recursos públicos. En la lucha de David contra Goliat, de los blogs frente a los viajes internacionales y de las fotocopias frente a los langostinos, la evaluación independiente de medicamentos debe ser fomentada por los gestores públicos. Una evaluación de medicamentos independiente y crítica es herramienta imprescindible para aumentar la calidad y la eficiencia de la farmacoterapia, y eso nos beneficia a todos, excepto a los que pretendan ganar dinero con la salud a toda costa. Esperamos que la cordura retorne a Ib-salut, Cecilia Calvo sea rehabilitada, "El Comprimido" vuelva a publicar y los farmacéuticos del Son Espases sigan siendo nuestra referencia en la evaluación independiente de medicamentos.

... Pero los condroprotectores siguen sin funcionar. ¡Qué le vamos a hacer...! Más que hacer callar a quien lo denuncia, lo que habría que hacer es premiar su labor a contracorriente, y dejar de financiar estos productos como medicamentos, que es lo que ocurre en otros países. También es necesario que los gestores públicos estén un poco más al tanto de la tremenda lucha de informaciones y desinformaciones promocionales que existe en el mercado farmacéutico. Esta enorme metedura de pata debe hacernos aprender.

Emilio Alegre
Farmacéutico de hospital

viernes, 20 de enero de 2012

Implicación del médico en el cribado prenatal del síndrome de Down (análisis ético)

Infradotados en inteligencia. Superdotados en amor.

 
¿Quién puede defender que no tienen derecho a vivir?


La pregunta es: ¿está bien que un médico -entendiendo que tiene claro su deber ético de cuidar la vida humana desde la concepción- se implique en el cribado prenatal del síndrome de Down?

Para analizarlo, tenemos que juzgar tres elementos del acto: materia del acto, intención (relacionada con la finalidad que pretende el médico) y circunstancias, y los tres tienen que ser buenos para que el acto sea ético.

Lo malo de este problema, es que no es posible solventarlo de forma breve y sencilla. Creo que lo que más nos hace discutir y dividir nuestras opiniones en estos casos es la casi diabólica complejidad que tienen...

MATERIA.- Siendo lo más preciso posible, encuentro que hay dos materias distintas que juzgar. Una es el diagnóstico en sí. Otra es el informar a la mujer de que tiene derecho legal a abortar si el diagnóstico es malo. Creo que esta segunda es totalmente descartable de entrada, es un acto malo en sí, en su materia. Un médico no puede hacer eso, y menos puede un Código Ético exigírselo. Aunque a continuación le diga a su paciente que el aborto es malo y trate de disuadirla. Va, además, contra lo más elemental del "ethos" de la profesión. Es como informar a un paciente que le demanda que no quiere tener hijos de la posibilidad de esterilizarse. Eso nunca puede ser exigible a un médico, todo lo contrario: es exigible que no lo haga.

Decartada la segunda opción por la maldad de la materia (aunque incluso se persiga un fin bueno de luego convencer a la mujer, etc.), a partir de aquí me quedo sólo con el primer acto: realizar el diagnóstico de S. de Down.

La materia parece buena, supone revelar una enfermedad que porta el feto a sus padres, que son responsables de su salud.

Sin embargo, hay que reseñar que no hay cura para el síndrome de Down. Y eso implica que, si el diagnóstico llegase a poner en peligro al feto, el balance beneficio/riesgo sería negativo. Eso ocurre con la amniocentesis. En la amniocentesis, la materia del acto es mala, porque supone un riesgo vital del 0,5-1% para el feto sin beneficio que lo supere. Estaríamos en el caso de una técnica objetivamente mala que vicia el acto aunque la intención fuera buena. 

Por tanto, descartamos ya la amniocentesis, porque es una técnica que implica un riesgo injustificado para el feto. El médico no puede realizarla. Es como realizar una arriesgada punción hepática en un cirrótico cuando dicha punción no va a servir para discernir un tratamiento (no vale arriesgar la vida del paciente por curiosidad). Sí puede, en principio, informar de que la amniocentesis existe, porque no es una técnica con un fin execrable, como sí lo es el aborto, sino que es una técnica con un fin bueno pero que sus beneficios no superan a sus riesgos para el paciente, y por eso no se propone realizarla.

En consecuencia, la técnica razonable desde el punto de vista médico se limitaría a un cribado de síndrome de Down que no implique amniocentesis. Eso hace variar la propia materia que juzgamos. Porque, si bien la técnica que acababa con amniocentesis tenía una fiabilidad aceptable, no es así si no se tiene la amniocentesis. Nos queda, por tanto, una técnica diagnóstica que informa a los padres de una alta probabilidad de S. de Down, pero con una alta proporción de falsos positivos.

La técnica actual de cribado está diseñada para preferir falsos positivos a falsos negativos, precisamente porque es un cribado diseñado para acabar siendo confirmado por amniocentesis. Si se quisera implantar una técnica razonable sin amniocentesis, se establecerían los parámetros para obtener menos falsos positivos, para no alarmar innecesariamente a muchos padres.

INTENCIÓN.- Está relacionada, según entiendo, con el resultado razonable que busca el médico. La intención parece que puede ser buena en principio, cuando lo que busca el médico es desvelar la enfermedad del hijo para que sus padres se preparen psicológicamente poco a poco, etc.

Si no se usa la amniocentesis, como antes hemos dicho, y se mantiene una técnica con tantos falsos positivos, cabe preguntarse si ese resultado es realmente razonable (nos retrotraemos de nuevo a juzgar la materia). Los beneficios psicológicos para algunos de poder prepararse mejor sabiendo el diagnóstico, se verían quizá superados por los perjuicios psicológicos para muchos padres y madres de sufrir un diagnóstico falso hasta el parto.

Pero supongamos que la técnica es muy fiable, no tiene riesgos directos (en el futuro cercano es posible que se consiga, abandonando amniocentesis y técnicas similares) y el beneficio psicológico para los padres es patente. Entonces, sigo analizando:

CIRCUNSTANCIAS.- En las circunstancias actuales, el 80-90% de los niños con diagnóstico con S. de Down son abortados. Aunque el médico utilice un medio bueno, con buena intención, el resultado previsible de su acción -a menos que sepa de antemano que los padres no tienen intención de abortar- es la muerte de su paciente.

Materia buena y fin bueno, pero circunstancias malas: el médico no debe participar en el cribado prenatal del S. de Down.

Si además la materia es dudosa, porque si no se aplica la amniocentesis el impacto psicológico esperable tiene un balance contraproducente, veo mucho más claro que participar en el cribado prenatal de S. de Down no es ético en la situación actual.

Sin embargo, un médico puede decir: "sí, pero... si a pesar de eso me implico y trato de usar mi influencia para salvar niños, eso hace cambiar las circunstancias: salvo vidas".

Ahí nos encontramos con algo que me parece aún más difícil de juzgar, pero voy a intentarlo:

- En primer lugar, no vale ese razonamiento si el médico acaba usando o proponiendo la amniocentesis. Podría llegar al extremo de informar que se hace y desaconsejarla dando los motivos antes explicados, sin actuar mal. Pero, si aún así, la paciente le insiste, él no debe prescribírsela. Estaría poniendo en peligro a su paciente fetal.

Entonces, cabe preguntarse: ¿realmente es posible implicarse en el cribado, cuyo fin es prescribir la amniocentesis para los fetos con riesgo alto, si esto último ya se piensa de antemano no hacerlo? Creo que sería difícil.

- Supongamos que sí es posible, que es posible implicarse sin caer en realizar un acto malo. ¿Tiene sentido implicarse para salvar a algunos, aunque se sepa que muchos van a ser abortados?

Creo que podemos tratar este problema reformulándolo: Hemos visto antes que el cribado, en las circunstancias actuales, es malo porque conduce, en la mayor parte de las ocasiones, al asesinato de los diagnosticados. Podríamos considerar ese todo (implicarse en cribado prenatal en circunstancias actuales) como una MATERIA que juzgar, y sería mala. La intención -salvar a algunos- sería buena. Y las circunstancias serían buenas, porque si no lo hago yo, lo hará otro que no salvará a ninguno. Por tanto: materia mala, con fin bueno y circunstancias buenas: acto malo. El médico no debe implicarse en el cribado prenatal de S. de Down, ni siquiera con el fin de lograr así salvar a unos cuantos, que de otra forma morirían.

Aparece así una nueva posibilidad de actuar que también hay que valorar en las circunstancias, ya que la negativa posibilita un nuevo acto, tan virtuoso como escaso, tan valioso como costoso: el TESTIMONIO. Al negarse a realizar el cribado prenatal por su perversión eugenésica, está dando testimonio ante sus compañeros, ante la sociedad, y ante su propia familia.

Como alternativa, aunque difícil, que mantiene el testimonio, el médico podría informar a los pacientes, antes de la ecografía, de que él puede realizar el diagnóstico de síndrome de Down, pero que éste es muy poco fiable (si no se hace la amniocentesis, que supone un riesgo inaceptable), y que él sólo lo haría sabiendod e antemano que ellos quieren a su hijo aunque estuviera enfermo, y que no piensan abortarlo. Si los padres dicen que sí, y que no abortarían nunca, habría que explicarles que sólo van a tener un diagnóstico de probabilidad, y se debería ajustar la técnica para tener menos falsos positivos. Y si dicen que sí abortarían o que se lo pensarían, entonces el médico puede decir que él no puede colaborar en eso y manifestar su objeción de conciencia a tal diagnóstico. Si los padres no lo aceptan, se cambiarían de médico.

Aunque cabe preguntarse: ¿tiene sentido ese afán diagnóstico, para preocupar a unos padres, y sobre todo a una embarazada, tan susceptible ante cualquier imaginación de riesgo para su bebé? Da la impresión de que esta medicalización está diseñada para la supuesta conveniencia de algunos ginecólogos, y no por el beneficio demandado por las embarazadas.


Sería bueno abordar esto desde la perspectiva de los pacientes. Como padres, nos gustaría disponer de una declaración para firmar y entregar en la primera consulta, en la que declarásemos que amamos a nuestro hijo esté sano o enfermo, que queremos que se le realicen los diagnósticos habituales pero sólo los que puedan reportar un beneficio para él y para nosotros, que rechazamos el aborto y cualquier técnica con fin eugenésico, y que su propuesta nos resulta ofensiva como padres.

Finalmente, he de recononocer que reformular todo el cribado en malas circunstancias como nueva materia, me reporta dudas. Pero me parece similar a la decisión de Juan Pablo II en el caso de los servicios alemanes de atención a la embarazada, que se reporta en el Lexicón del Pontificio Consejo de la Familia:

El estado alemán puso como condición para el aborto que la mujer obtuviera un certificado de haber sido informada sobre lo que es y sus alternativas. Eso lo hacían, entre otros, los servicios católicos provida, y se conseguían salvar vidas así. Pero, cuando no se conseguía convencer a la mujer, el certificado de haber sido informada servía para abortar. Este caso parece aún más "benéfico", porque el proceso informativo está diseñado para salvar vidas, no como el caso que nos ocupa, que es al contrario. Y sin embargo, Juan Pablo II disuadió a los responsables de esos servicios provida de que participaran en ese proceso, aunque ello supusiera que, entonces, las que quisieran abortar no fueran a organizaciones católicas provida, sino a otras que podrían ser incluso pro-aborto.

En nuestros días estamos asistiendo a un verdadero GENOCIDIO. Y como pasó en la Segunda Guerra Mundial, éste se perpetra ante la conciencia silenciosa de gran parte de la sociedad.