Carta abierta a los profesionales pro-vida

 

Estimados compañeros médicos, enfermeros, farmacéuticos, etc., que colaboráis en la defensa de la vida prenatal a nivel profesional:

Os escribo porque quiero transmitiros mis impresiones sobre algunas cuestiones que considero críticas para la defensa de la vida y la conciencia profesional en este momento concreto. Algo muy ilustrativo sobre lo que quiero decir es lo que está sucediendo con el nuevo Código de Ética y Deontología Médica. Este nuevo Código, aprobado por la Organización Médica Colegial con procedimientos fraudulentos y faltos de la más elemental transparencia:

- Se abona en su preámbulo a la falsa “ética” de mínimos.


- Redefine lo que es un acto médico, dando ahora cabida al aborto, la esterilización, etc.
 
- Deroga todos los documentos colegiales anteriores sobre ética, haciendo “tabula rasa” y empezando una nueva ética.
 
- Obliga éticamente (!) al médico a informar sobre el aborto a la embarazada, uno de los temas candentes en medicina familiar y en ginecología, donde este punto se traduce en obligación de ofrecer el aborto ante un diagnóstico que otorgue derecho legal a ello. Incluso niega el derecho a la objeción de conciencia en este punto.

 - Reconoce acríticamente el aborto como derecho de la mujer.

 - Deslegitima éticamente (!) al médico que trata de disuadir del aborto a la embarazada (lo que hacen los ginecólogos provida), o que trata de formar en una sexualidad responsable, como si eso fuera una imposición de su propia ideología, y no actuar de acuerdo al ethos de la profesión médica, apoyado a su vez en la evidencia científica, que es lo que es.

-Afirma peligrosamente que no existe derecho a la objeción institucional, lo cual va a ser malinterpretado, porque además no defiende la autonomía de instituciones sanitarias que quieran seguir un ideario acorde a la ética y deontología médicas en un entorno legal hostil como el que tenemos.


En definitiva, y sobre todo al consolidar el ofrecimiento del aborto como obligación ética para el médico, este Código elimina expresamente el derecho a la objeción de conciencia en este punto y convierte la cooperación con el mal no ya en imperativo legal, sino en imperativo moral, yendo mucho más allá de lo que va la propia ley Aído.


Pues bien, me preocupa muchísimo que ni comisiones deontológicas colegiales, ni cátedras universitarias de Bioética, ni la Real Academia Nacional de Medicina, ni muchos colectivos profesionales estén reaccionando frente a este Código, sino que se estén convirtiendo en cómplices con su silencio. Me parece que la mayoría de los que han intervenido en su discusión y aprobación, incluso médicos cristianos y provida, se han tragado la píldora dorada de un Código con algunos principios preciosos, pero con un desarrollo nefasto en sus concreciones y aplicaciones, que va a tener repercusión jurídica y social afectando a la práctica médica, farmacéutica y de todas las profesiones sanitarias, porque deja inermes y amedrenta a los profesionales.

Creo que las personas, asociaciones e instituciones que defendemos la vida estamos especialmente llamados a actuar firme y decididamente frente a esto. Otros están cediendo: se están dejando domesticar por el mal, tras años y años de lucha en la causa provida. En este momento, en que tantos ataques recibe la causa provida, y cabe la tentación de la desesperanza y de pensar que todo ha sido un fracaso, precisamente es el momento en que con mayor razón hay que mantenerse firmes en la exigencia de lo que sabemos justo, independientemente del mayor o menor “éxito” que esperemos alcanzar con ello.


También es un peligro para nuestro testimonio provida que dejemos de denunciar la injusticia del aborto para el ser humano que muere, para señalar exclusiva o fundamentalmente sus efectos adversos para la mujer o cuestiones de salud pública. Hablar de estos otros problemas es una buena estrategia complementaria, por supuesto, pero manteniendo siempre en primer término el firme testimonio de nuestra preocupación ética y profesional por la vida humana prenatal. Es claro que esa posición supone cada vez más sinsabores y rechazos, quizá incluso la pérdida de un vano prestigio en nuestro entorno profesional, pero creo que precisamente hemos de mantener un un entorno colectivo en el que nos sintamos acompañados en esa lucha, a veces dura, en nuestro puesto de trabajo.


Veo que hay otros compañeros que piensan como yo en estos temas, y que también están preocupados por lo que ven a su alrededor, incluso entre profesionales que defienden la vida prenatal y que han estado trabajando mucho y bien en ese sentido, hasta ahora. Yo soy muy “amigo” de San Ignacio de Loyola, que decía en sus Ejercicios una frase que es aplicable a muchas facetas de la vida: “en tiempo de desolación, no hacer mudanza”. Hoy arrecia el ataque contra la vida de los más pequeños e indefensos, se multiplican las presiones para que participemos “ligeramente” en actividades contra la vida o miremos para otro lado, y muchos caen en la tentación de ceder “un poquito” bajo pretexto de no ser “demasiado radicales” para no quedar fuera de juego y mantener buenas relaciones con aquellos que pueden ayudarnos, o bien por una estrategia contraproducente y equivocada. Por ejemplo, dando a las embarazadas el sobre con información para abortar, aceptando protocolos de screening prenatal cuyo fin es el aborto eugenésico, pidiendo un “uso racional” de un producto abortivo como la píldora del día después, aceptando el mencionado Código sin denunciarlo ni presentar batalla contra él o proclamando incluso el respeto a la "libertad de la mujer" (para matar o no a su propio hijo).


Por el contrario, hoy es precisamente el momento para que nosotros nos mantengamos firmes con el testigo provida que hemos recibido. Junto a la doctrina de la Iglesia Católica, el auténtico testimonio provida ha representado durante décadas el escollo para una deriva total hacia la inmoralidad, constituyendo una llamada a la conciencia sobre el valor sagrado de la vida del hombre, en toda circunstancia y fase de su desarrollo, porque todo ser humano ha sido creado por Dios a su imagen y semejanza, y rescatado a precio de la sangre de Cristo. Digo esto porque, desde hace unos años, circulan ideas y escritos muy equivocados y alejados de la realidad, sobre el supuesto fracaso del empeño provida y la necesidad de “cambiar de estrategia” para –según se dice- lograr el mismo fin. Estos mensajes, que se acompañan con una interpretación sesgada de lo que ha sido y es la labor provida, me temo que están confundiendo a muchos en España. En realidad, no existe tal fracaso provida –todo lo contrario-, y las “nuevas” estrategias (señalar claramente los perjuicios para la mujer y para la salud pública, etc.) son imprescindibles, pero deben sumarse y apoyar el testimonio provida fundamental, nunca sustituirlo, ni siquiera difuminarlo o eclipsarlo; eso sería un gran error. El límite de toda estrategia provida, que puede ser muy lícita y hasta necesaria en algunas ocasiones, es no ningunear jamás la vida del inocente que muere. En ocasiones es difícil encontrar la forma más adecuada de hacerlo, es cierto. Como nos enseñó Juan Pablo II, hay hechos tan graves que no es posible callarlos. Si lo hacemos, abonamos la idea de que... en el fondo, no son… tan relevantes.


A nosotros nos corresponde ahora ofrecer íntegro nuestro testimonio profético a favor de la vida de los más indefensos.


Un fuerte abrazo, mucho ánimo y muchas bendiciones.

Emilio J. Alegre del Rey
Farmacéutico hospitalario

Comentarios

Maria del Rayo ha dicho que…
Todo es plan con maña!
Que tengas una santa semana en Dios.
SL2!! Long
Miguel Á. Sánchez C. ha dicho que…
Estimado compañero me congratulo por tu extenso, intensivo y clarísimo comentario. Muchas gracias por tu carta.
Me da pena que las decenas de compañeros a los que he informado personalmente para que presenten sus quejas a sus correspondientes colegios, a la OMC y al defensor del pueblo han hecho caso omiso de mis razones por no sé que motivos ¿comodidad, permisividad, borreguismos crónico y enquistado? Incluso sorprende, como bien dices, que muchos de ellos no sólo son cristianos comprometidos sino hasta religiosos consagrados no ven "nada malo en ese código" ¡No hay mayor ceguera que el que no quiere ver!
Sea como fuese hemos de recordar que nuestra lucha en favor de la vida y la auténtica ética aunque seamos pocos (muy pocos) el Autor de la Vida está de nuestra parte y con tal elemento en nuestras filas ¿Cómo temer que la Verdad y la Vida no salgan de nuevo a relucir?
Los seguidores del Mal más o menos conscientes de ello, no van a seguir por mucho tiempo con aparentes "victorias". Sino, tiempo al tiempo.
Un gran y fraternal abrazo.
M.A. Sánchez Cordón
Emilio J. Alegre ha dicho que…
Muchas gracias, Miguel Ángel. Yo creo que las cosas que se nos presentan van estando cada vez mejor disimuladas, y la mayoría de la gente no se da cuenta de lo que se "traga". Muchos actán por confianza en otros a quienes tienen como referencia. Si esos otros "líderes", como suele pasar, analizan las cosas bien y denuncian lo que ven, abren los ojos a muchos que les acompañan en sus decisiones. Pero el problema, de un tiempo a esta parte, es que esos "líderes de opinión" están cediendo, y arrastran a muchos con ellos.

Bueno, muchas gracias por tu comentario, y mucho ánimo. La Victoria lucha en nuestro bando.
Emilio J. Alegre ha dicho que…
Muchas gracias, María, un cordial saludo y muchas bendiciones.

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