Conciencia y aborto (VI). El tercer testigo: la observación de sus efectos.


 El tercer testigo que nos habla de la misma realidad es la observación de los efectos del acto, en este caso el aborto, en las personas que lo realizan y en las sociedades que lo aprueban.

 Este testigo se fundamenta en que "lo bueno sale bien", y al contrario, "lo malo sale mal". Es decir, practicar el bien lleva a la persona a una vida más plena, alegre y en paz, mientras que el mal quita la paz y dificulta la vida.

 Para comprobarlo, necesitamos conocer personas que hayan abortado o lo contrario, que tras haber pasado por una dificultad en el embarazo, no lo hayan hecho. Ya hemos hablado del testimonio de Jesús García, colaborador provida, que nos hablaba de que conocía mujeres arrepentidas por haber abortado, pero ninguna de haber tenido a sus hijos.

 Es un punto importante éste del arrepentimiento. La conciencia íntima no engaña, y aunque puede haber personas que no se arrepientan de algo que está mal, al menos durante un tiempo, es difícil que alguien se arrepienta fuertemente de algo que no está mal. Hablamos de arrepentimiento en sentido moral. Aunque no es imposible, y existe la enfermedad espiritual de los escrúpulos, que precisamente consiste en tener remordimientos por cosas que no están mal, en la práctica esto no se da en la mayoría de la gente.

 Sin embargo, hay muchísimas mujeres -y hombres- que se arrepienten de haber abortado a sus hijos, aun sin que sean creyentes. Una buena muestra se halla en el libro "Yo aborté", con testimonios recopilados por Sara Martín y la Asociación de Víctimas del Aborto. Reproducimos algunas citas:


-"Ahora me toca vivir con el pesar de mi corazón" (Susana).

- "No quiero olvidar mi aborto: es algo que hice mal y lo asumo" (Lucía).

- "No hay derecho a que unos padres se desentiendan así del fruto de su concepción" (Alicia).

- "Aunque el aborto fue decisión de ella, si la hubiera convencido lo habríamos tenido. Ahora estoy muy arrepentido" (Antonio).

- "Espero, mi niño, que algún día me puedas perdonar. Yo no me lo perdonaré mientras viva (María).

- "Siento un dolor tan profundo que es inexplicable" (Natalia).

- "Esa misma noche lloraba de pena y arrepentimiento" (Rosa).

- "Yo no defendí la verdad, que es el único camino de liberación para el ser humano" (Fernando).

- "El aborto debería estar ilegalizado; es algo injusto para el bebé y horrible para la madre" (Clara).

- "Ahora no sé qué hacer con mi vida [...] Espero que mi testimonio pueda servir para que otras mujeres reflexionen y no aborten" (Victoria).

 Otros testimonios que nos pueden ayudar son de personas que no abortaron. Como mi mujer y yo nos dedicamos a la concienciación provida y a ayudar a las embarazadas o mujeres con síndrome post-aborto, a menudo alguien se entera y nos cuenta su historia. La mayoría de las veces son testimonios de hombres y mujeres que se arrepienten de haber participado en un aborto. Pero algunas veces son personas que, pese a un entorno adverso, decidieron tener a sus hijos. Recuerdo dos especialmente:

 Estaba dando una charla provida a un grupo de Cursillos de Cristiandad, y al final, una mujer contó su testimonio. Bastante joven, con ella y su pareja en el paro y sin recursos, vieron que estaba embarazada. Todos les decían que abortaran, pero ellos no lo hicieron, a pesar de las dificultades. Y ahora su hijo era ya un joven que había ayudado mucho a varias personas. Insistía no sólo en lo contentos que estaban de haber seguido adelante y el bien que había sido tener a su hijo, sino en que ahora su hijo estaba también haciendo el bien a otras personas, y nada de eso habría pasado si hubieran abortado.

 En otra ocasión, una mujer se acercó a nosotros en una fiesta del colegio. Nos contó su impresionante historia. En la noche de bodas, ella se da cuenta de que su marido es heroinómano y le deja. Pero estaba embarazada. Se lo cuenta a su tía, buscando apoyo, y le dice que aborte. Pero no: ella no cae en la tentación y además decide seguir con su marido. Al marido, le convence de dejar la droga, diciéndole que lo haga por su hijo. Le busca la forma de salir de su entorno y enviarle con su familia a Barcelona. Le llama continuamente, y le insiste siempre en que espera de él que sea un buen padre. Al cabo del tiempo, vuelve rehabilitado, y ella le busca un puesto de trabajo. Años después, nos contaba que eran un matrimonio feliz, que él es un buen padre, y que son una familia estupenda. Por supuesto -afirmaba- nada de eso habría pasado si le hubiera hecho caso a su tía y hubiese acabado con la vida de su hijo: su hijo estaría muerto y su marido, probablemente, también.

 A menudo las madres presionan fortísimamente a las hijas jóvenes para que aborten, sometiéndolas a un verdadero infierno. En un caso, temíamos que ella flaqueara en cualquier momento, o que su madre le diera tranquilizantes y la llevara a la fuerza a abortar. Sabíamos de otros casos en los que habían llevando a chicas muy jóvenes prácticamente a rastras, y aun llorando y diciendo que no iban por su voluntad, los aborteros las habían metido en el quirófano y les habían practicado el aborto -por ejemplo, el caso de Clara, cuyo testimonio antes comentamos-. También sabíamos lo cruel que puede ser una madre obstinada, hundiendo a una hija y atacando su punto débil para que aborte, o hasta qué extremos puede llegar: en uno de los casos que atendimos, la chica aceptó abortar después de que su madre la amenazara incluso con suicidarse si lo hacía.

 Pero, por una resolución judicial de emancipación, la madre se sintió impedida a seguir forzando a su hija -menor de edad- al aborto. Además, ella y su novio se mantuvieron firmes, aunque con muchas dificultades y disgustos, sin hacer caso a la idea de abortar. Lo que pasó después fue increíble: su madre aceptó la situación, aceptó el embarazo y empezó a ayudarla con todo su corazón, con todo el amor con que una madre ayuda a su hija embarazada, con toda la ilusión por tener un nieto, por prepararle un sitio, por comprarle ropita, por buscar la forma de solucionar los problemas que se plateen, con toda la alegría.

 Este caso sorprende, pero es muy típico de cómo una situación en la que aparentemente es todo negro, negrísimo, se torna luminosa cuando se acepta al hijo y no se cae en la oscuridad del aborto. Sabemos lo que pasa en los casos en que esto no sucede: las parejas a menudo se rompen, las relaciones madre-hija también, y la pareja queda con una carga psicológica tremenda y mantenida. Pero cuando no se cae en la tentación, lo que parecían gravísimos problemas empiezan a encontrar solución, los que parecían enemigos se tornan amigos, y los disgustos se convierten en alegría. Se pasa del negro al blanco, de la oscuridad a la luz, en un momento. Esta es quizá de las mayores satisfacciones que produce trabajar en favor de la vida; no sólo la muerte que se evitan, sino la felicidad y el agradecimiento que se ve luego en las personas a las que se ha ayudado.

 En relación con esto, sólo un par de breves testimonios más. El primero es el de un hombre que agradece, bastantes años después, por un encuentro casual, que les ayudaran a su mujer y a él a tener a su hija. Saca orgulloso una foto de la niña de la cartera, y dice lo muchísimo que la quiere y lo contento y feliz que está de haberla tenido. El segundo testimonio es el de una chica que llama al año siguiente, tras un contacto fugaz y al parecer infructuoso cuando estaba embarazada y pensando en abortar. Llama sólo para dar las gracias a la rescatadora y decirle que está feliz con su bebé, y que las dos palabritas que cruzaron, le sirvieron para desechar al final esa mala decisión que iba a tomar.

En realidad, muchas veces las mujeres se ven muy presionadas a abortar, por sus madres y/o sus parejas. Es claro que los movimientos e influencias que las llevan al aborto son siempre de presión y de miedo ("tú estás loca", "no sabes", "no puedes", "no tienes ni idea", "si lo tienes, conmigo no cuentes"), mientras que lo que las mantiene en tener a sus hijos son de apoyo, ayuda y esperanza.

 Es muy claro que este tercer y penúltimo testigo nos dice que el aborto es malo, y que seguir adelante sin caer en la tentación es bueno, y ayuda a las personas. La razón es sencilla: el mal no sólo hace daño a la víctima, sino que daña al propio que lo comete, porque va contra su propia naturaleza, contra su propio proyecto como persona, por decirlo así. Hay quienes creen que al tener un hijo no deseado se rompen proyectos; no es verdad, se modifican o adaptan más bien. Es el aborto el que rompe los proyectos más esenciales que tenemos sobre nosotros mismos.

 Esto es algo que se puede estudiar también epidemiológicamente, y se ha hecho: como antes dijimos, existe una relación causal entre aborto provocado y enfermedades mentales, como depresión, aborto y suicidio.

 Todo este mal que se hace a las personas con el aborto, se trasmite a las sociedades que lo aprueban, y las profesiones sanitarias que comulgan con ello. Incluso el aborto se llega a usar para tapar casos de violación y de abusos, sin que nadie se preocupe. Otra cosa que produce el mal es que lleva a males cada vez peores, en lo que se ha llamado "la pendiente resbaladiza de la inmoralidad". En cambio, el bien conduce al bien. Hace poco hemos visto vídeos con cámara oculta de cómo Planned Parenthood, la multinacional del aborto, hace negocios con los órganos de los bebés abortados, vendiéndolos para investigación. Incluso han desarrollado técnicas para matar el bebé sin que los órganos sufran daño, porque así valen más.

 No es ninguna locura lo que decía la Madre Teresa de Calcuta: "la mayor amenaza para la paz es el aborto". Añade "Rosa" en su testimonio publicado en el libro "Yo aborté": "Si alguien me pregunta, sin dudarlo le diré: no abortes, todo menos abortar. No es cuestión de fe o de credo, es un asunto de padres: el aborto nos hiere en lo más profundo de nuestro ser, va en contra radicamente de lo que somos y de lo que podemos hacer. No es justo que el estado permita semejante brutalidad de intervención en la que los padres matamos a nuestro hijo. Tarde o temprano, todo el mundo se da cuenta del horror del aborto".



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