La muerte no necesita ayudantes, la vida sí.

El suicidio es un final horrible, un final que nadie quiere realmente para su vida. El fin de la Medicina es ayudarnos a luchar contra la enfermedad. Pero la Medicina no puede proporcionar felicidad, alegría y paz a nuestra vida. Esa misión es para la Sabiduría. Siempre lo fue. Si confiamos en la Medicina para todas nuestra necesidades, incluidas las espirituales, la Medicina falla.
Ayudar a la muerte no es una sabia elección. No es Medicina. Es un error horrible que envía un mensaje a todo ser humano con dolor: abandona; la vida -tu vida- no tiene sentido.
El suicidio asistido (distanasia) es el extremo de una contracultura que confía ciegamente en la tecnología y ha perdido la sabiduría. No es el camino de una Medicina más humanista, sino otro escalón de descenso hacia el suicidio de la Medicina. ¿Creemos en la Medicina? ¿Realmente? 

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