martes, 16 de mayo de 2017

Las muertes silenciadas

La seguridad física de la mujer se ha alegado en muchos países para legalizar y extender el aborto. Sin embargo, el aborto "seguro" queda reducido a la categoría de mito o algo mucho peor con los datos reales expuestos a continuación.
Hablar de comportamiento autolesivo es muy delicado; es importante saber antes que la sanación interior postaborto es posible (Proyecto Raquel), y que la mujer que ha abortado ha sido también realmente víctima de desinformaciones y presiones que han tenido un gran peso en el momento en que más necesitada estaba de apoyo.
Los datos que mostramos, obtenidos en un país con un buen registro sanitario, como es Finlandia, e incluso con una aceptación social del aborto elevada, revelan que la mortalidad por suicidio en mujeres que abortan es mucho mayor que en las que dan a luz a sus hijos. Esto es coherente con lo que ya sabemos y verificamos en la práctica sobre el síndrome post-aborto. La probabilidad de suicidarse se multiplica por 6 a consecuencia del aborto. La tasa pasa de 5,0 por 100.000 embarazos en las que dan a luz a 31,9 en las que abortan, diferencia estadísticamente significativa: por cada 100.000 abortos se producen 26,9 muertes por suicidio atribuibles al aborto.
En España, los datos de aborto rondan precisamente los 100.000 (94.796 en 2014); por tanto, podemos estimar que 26 mujeres mueren anualmente por suicidio asociado al aborto en nuestro país. Está cerca de duplicar a las que mueren anualmente por complicaciones del parto (15 al año, según el INE 2015).  La mortalidad relacionada con el embarazo estaría triplicada si no se omitiera esta mortalidad relacionada con el aborto -y eso teniendo en cuenta sólo los suicidios-. Esto revela una realidad totalmente opuesta al mensaje pseudosanitario que a veces se invoca para proclamar la "seguridad" del aborto para la mujer.
Los datos aquí expuestos son de muertes considerando sólo el año posterior al aborto. Puesto que la depresión y ansiedad pueden surgir a menudo a largo plazo tras el mismo, podríamos estar viendo sólo la punta del iceberg. Tampoco se consideran los intentos de suicidio, solo los casos consumados.


Para poner esto en contexto, podemos recordar que al año 75 mujeres en edad fértil mueren por asesinato, independientemente del motivo. Es decir, el aborto causa una mortalidad que alcanza la tercera parte de las muertes por asesinato, lo cual es impactante y sorprendente, por la poca repercusión que tiene en medidas preventivas. Si la pareja (30 casos anuales) y la ex-pareja (28 casos) pueden considerarse, por desgracia, los principales asesinos de las mujeres en España, el suicidio post-aborto está prácticamente al mismo nivel.
Teniendo en cuenta, además de esto, las presiones de la pareja, del entorno familiar y social, así como económicas que empujan a muchas mujeres a abortar, resulta totalmente incongruente que el aborto se siga vinculando a un supuesto feminismo o preocupación por la mujer: nada más descaminado, si atendemos a la realidad de los datos. Las personas que están próximas a una mujer embarazada en una situación difícil -pareja, padres, consejeros, etc.- y que a veces la presionan o inducen al aborto, deben conocer esta realidad para considerar mejor las consecuencias reales de sus actos, apoyarla verdaderamente y no ejercer presiones inoportunas, injustas y de efectos nefastos para su vida. En cuanto a las personas que observan ideas de autolisis en quienes se han sometido a un aborto o han participado en él, podrían animarlas a buscar ayuda específica. Hay esperanza, siempre.

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