¿Vacunas sin confianza?

Las vacunas son uno de los grandes logros de la medicina moderna. Han evitado muchísimas muertes y sufrimientos, muchos de ellos a los más dignos de protección, como los niños. Pero son un instrumento muy sofisticado. Ni los médicos que trabajan directamente con los pacientes, ni mucho menos los usuarios, son capaces de evaluar epidemiológicamente cuándo los beneficios de una vacuna son netamente superiores a sus riesgos. Por eso, las autoridades sanitarias elaboran calendarios de vacunación en los que todos confiamos. El magnífico edificio de las vacunas descansa sobre un pilar: la confianza.

El problema de la confianza es que se tarda muchísimo en ganarla, pero se pierde en un instante. Cuando en un tema tan difícil de valorar como la vacunación, se pierde la confianza, el campo queda abonado para dudas, murmuraciones, teorías más o menos fundadas, etc. De forma irresponsable y poco inteligente, las autoridades sanitarias y algunos laboratorios farmacéuticos están derribando un edificio maravilloso que se ha tardado décadas en construir. ¿Cómo? Traicionando la confianza de los ciudadanos y utilizando la vacunación en pro de beneficios políticos y económicos.

El primer paso de esta tremeda irresponsabilidad sanitaria se dio cuando la vacuna antimeningocócica de GSK, una vacuna muy poco eficaz, llegó al mercado a finales de los 90. Entonces se hicieron saltar alarmas sanitarias sobre casos de meningitis que no tenían nada de inusual, y se desató el pánico haciendo creer a todos que la vacunación era necesaria y que no se hacía por mezquindad económica del gobierno -entonces del PP-. Recuerdo cómo los antibacterianos que se usaban como profilaxis se agotaron en las farmacias. Luego, los gobiernos autonómicos se apresuraron a usar la vacuna al grito de "tonto el último". Primer desastre.

El segundo desastre ha sido, año a año, la falsa noticia de que "este año se espera una gripe más virulenta,según nosequé experto". Cuando en 2008 el Papa viajó a Australia, los medios se apresuraron a llamarla "la gripe del Papa", diciendo que los jóvenes llegados de Europa portaban peligrosos virus de gripe. Todo falso. Los laboratorios usaban cada año esta estrategia para incrementar las ventas de vacuna antigripal. Y los medios de comunicación -sobornados o idiotizados- publicaban las notas de prensa salidas de la cocina de un laboratorio farmacéutico.

El tercer desastre ha sido la vacuna del papiloma, adoptada públicamente en España por motivos políticos e ideológicos, no epidemiológicos, con el papelón de ver al ministro Bernat Soria danzarles la música a los comercializadores de este producto. Para colmo, algo cuyo balance beneficio/riesgo no conocen siquiera lo médicos bien instruidos -sólo los especialistas en el tema- se deja a criterio de los padres o usuarias, que sin información, han de decidir si les interesa vacunarse o no. Espantoso. Claro, que hay otro interés ahí: como se sabe que la falacia del "sexo seguro", publicitada hasta la extenuación por el Ministerio de Sanidad, va a acarrear una epidemia de condiloma y cáncer de cérvix, con la vacuna lo tapamos un poco...

Finalmente, tenemos el circo actual de la gripe A. La OMS, que ya había dejado claro que está vendida a laboratorios y a grupos de presión (recomendó losartán como antihipertensivo de elección nada más salir al mercado, y ha adoptado como propias las consignas del lobby abortista y de los laboratorios relacionados con este negocio), ahora se ha dedicado a montar una estafa a nivel mundial con la gripe A. Los hechos son los siguientes: desde principios de la década, varios laboratorios han invertido sumas millonarias en estar preparados para producir urgentemente vacunas contra una posible pandemia de gripe. La OMS se ha encargado de sembrar el pánico sobre un virus, la famosa gripe A, que no tiene nada de peligroso con respecto a la gripe que nos ataca cada año. Y los laboratorios van a hacer el Agosto.

Aparentemente, lo único que perdemos con esto es dinero. Pero en el camino hemos perdido mucho más: ahora proliferan en Internet miríadas de vídeos demagógicos que siembran dudas sobre muchos otros aspectos de las vacunaciones. El problema, es que ahora esos vídeos demagógicos pueden llevar a muchos a desconfiar de las vacunas en las que siempre han confiado. Y todo porque la OMS, las autoridades sanitarias,los laboratorios, los medios de comunicación y otros untados en todo este tinglado, nos han hecho perder algo muchísimo más importante que el dinero: la confianza.

Es una verdadera pena, que amenaza con echar por tierra décadas de trabajo y de bienes para toda la humanidad, que se han conseguido con las vacunas.

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