Por qué no dispenso la píldora del día después

Soy farmacéutico. Cuando, en 2001, un gobierno nacional del PP aprobó la PDD y el gobierno autonómico andaluz del PSOE la ofreció gratuitamente en los centros sanitarios, yo era farmacéutico de un distrito de atención primaria de salud. Estudié el mecanismo de acción de la PDD, y todos los estudios confirmaban lo que dice la propia ficha técnica: que actúa impidiendo la concepción pero con una eficacia baja, del 50%, y que el resto de su efecto se consigue impidiendo la implantación del embrión.



Soy farmacéutico para ayudar a las personas. Creo que todo trabajo, desde el más humilde al más valorado socialmente, tiene que poder darnos la satisfacción de esforzarnos por una sociedad mejor; eso es lo principal. En particular, los profesionales sanitarios tenemos una vocación al cuidado de la salud, y no sólo del que nos lo demanda, sino de la salud de todos. Es decir, tanta responsabilidad tengo yo sobre la salud de la chica que demanda una PDD, como sobre la vida del embrión que puede llevar en su seno. Darle un producto que puede conducir a la muerte de ese ser humano, aún en fase embrionaria, va contra los más elementales principios de la profesión farmacéutica.



Por eso, aunque entonces tenía un contrato precario de obras y servicios y mi sueldo era el único que entraba en casa, tomé la determinación de negarme a cualquier intervención profesional que tuviese algo que ver con la PDD. Cuando cambié de trabajo y fui al hospital, comuniqué la misma decisión a mi jefe de servicio. Y así he actuado siempre que se ha presentado ocasión.
Hoy me encuentro con la barbaridad de que este producto ha sido aprobado para su compra sin receta en las farmacias. No ha parecido importar al Gobierno, que sea un producto que atenta contra la vida humana, ni siquiera el hecho de su inseguridad en administraciones repetidas y en adolescentes, ni que se haya demostrado epidemiológicamente que su disponibilidad no disminuye la incidencia de embarazo imprevisto. Aprobarla y extender su uso son decisiones propagandísticas de una ideología que desprecia la vida humana prenatal, no decisiones sanitarias. Para colmo, el Ministerio de Sanidad engaña a la población diciendo, en un folleto oficial, que no es un abortivo porque no actúa cuando el embrión ya se ha implantado, entrando en un desafortunado juego dialéctico para ocultar la verdad: que impide la implantación del embrión, y por tanto conduce a la eliminación de un ser humano. Ese folleto está colgado tal cual en la web del Consejo General de Colegios de Farmacéuticos, sin pudor alguno. Y ya está aprobada otra píldora (ulipristal) que puede usarse hasta cinco días después.



Si aun esto falla, tenemos el aborto libre y financiado como un derecho con nuestros impuestos. Y como, finalmente, el aborto falla en solucionarles la vida a las adolescentes y sus familias (se la destroza), la vergüenza y la incomprensión acaban imponiendo su fétido silencio sobre la soledad y la tristeza de cientos de miles de mujeres jóvenes, a quienes se ha educado en la falacia del “sexo seguro”.



Algún día, tarde o temprano, alguien se preguntará y nos preguntará cómo pudimos caer tan bajo los farmacéuticos, hasta llegar a constituir un peligro para los padres que quieren dar una educación humana y responsable a sus hijos e hijas, porque se nos reputa capaces de venderles esto, ya incluso sin receta, precisamente a nosotros, que tenemos la responsabilidad ante la sociedad de velar por la salud. La respuesta a cómo hemos caído tan bajo está muy clara, y podemos encontrarla, por analogía, al final de aquella inolvidable película sobre los juicios de Nuremberg: “se llegó a esto cada vez que dispensamos un producto, sabiendo que atentaba contra la salud y la vida humana”. Esa responsabilidad profesional la tenemos y debemos autoexigírnosla. Tarde o temprano, alguien lo hará.



En fin, la respuesta a por qué no dispenso la PDD es simple, y se encuentra ya en la primera frase de este comentario.


Comentarios

eligelavida ha dicho que…
Me consta que hay médicos que practican la objeción de conciencia, pero en el caso de los farmacéuticos se ve menos, quizá porque el aborto con píldora quita al aborto el dramatismo de la intervención médica y hospitalaria. Sigue siendo la misma tragedia, pero más disimulada, por lo que algunos profesionales ceden ante ello. Te felicito por tu coherencia.
Longinos ha dicho que…
Estoy de acuerdo. El 97% de médicos objetan a practicar el aborto, hasta el punto de que en Navarra, por ejemplo, no hay siquiera un abortorio, con el negocio que sería. Los abortorios cazan a los matasanos a lazo, no tienen. Cualquiera que vaya con la tarjeta del Pryca diciendo que es médico, lo contratan.

En cambio,muchos menos farmacéuticos objetamos. Muchos, me parece a mí, no defienden su autonomía profesional, que es como no reconocerse profesionales. Eso, aparte de lo que dices, que estimula menos la conciencia vender una píldora recetada por otro, que matar a un bebé con tus propias manos. Ahora, con la PDD, sí que veo más objeción de ciencia, probablemente porque estimula más la conciencia ser uno el único responsable, y ya no puede verse uno como un tendero que dispensa lo que otro ha prescrito (triste imagen de sí mismos que tienen algunos, por cierto).
Manuel J. Vicente Montes ha dicho que…
No puedo decir otra cosa que estoy totalmente de acuerdo con lo expresado en el post. No añadiría ni un punto ni una coma.

Sólamente expresar mi admiración y apoyo al profesional que ha interpuesto el BIEN y la VIDA con mayúsculas, frente al MAL y la MUERTE, también con mayúsculas.
Adolfobrigido ha dicho que…
Enhorabuena amigo. Eres un valiente y por más que te "persigan", en el fondo te admiran. Como te admiramos muchos. Adelante.

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