Efecto abortivo de los anticonceptivos habituales

El efecto abortivo de los anticonceptivos habituales -no hablamos de las píldoras del día después (levonorgestrel, acetato de ulipristal) ni de las píldoras abortivas (mifepristona, misoprostol), sino de las clásicas píldoras anticonceptivas, DIU, implantes hormonales, etc.- es un tema poco conocido, muchas veces ocultado y difícil de investigar científicamente. Sin embargo, en muchas de las fichas técnicas de estos productos se cita, entre sus mecanismos de acción, la aparición de cambios en el endometrio (mucosa uterina), lo que dificulta la implantación de un embrión ya existente.


Comprobar ese mecanismo, y más aún, cuantificarlo, es algo prácticamente imposible de hacer directamente. Para poder hacerlo tendríamos que detectar in vivo embriones cuando aún están en su viaje por la trompa de Falopio -en los 6 primeros días- y comprobar cuántos de ellos consiguen implantarse en mujeres que usan anticonceptivos; algo extremadamente difícil. Por eso, la evidencia que tenemos de este mecanismo es indirecta. Sin embargo, es la mejor evidencia disponible y por tanto, aun con incertidumbre, hemos de reconocer que los datos científicos nos hacen pensar que el efecto abortivo existe para la mayoría de los anticonceptivos habituales -con la evidente excepción de los métodos de barrera- y tratar de cuantificarlo.

Por supuesto, llamamos efecto abortivo a todo aquel que conduce a la eliminación de un embrión ya existente, esté ya implantado o no. Que la OMS defina el embarazo sólo a partir de la implantación, que es cuando este se puede detectar, no implica que el aborto se produzca sólo a partir de la implantación. El aborto, concepto con relevancia ética, implica la eliminación de una vida humana, y científicamente no hay duda de que esta empieza ya en la concepción, no en la implantación. No tiene relevancia ética acabar con el embarazo en sí, sino acabar con la vida. Lo demás son manipulaciones del lenguaje para obviar conflictos éticos. 

Desde un punto de vista científico, el zigoto, concebido por la fecundación del óvulo por el espermatozoide, es ya un nuevo ser vivo con toda su dotación genética. Es el mismo ser que, si no se malogra o lo eliminamos, se va a desarrollar como persona, con una esperanza de vida de más de 80 años. Si va a ser persona, necesariamente ya lo es -según la idea que manifestó Tertuliano ya en el siglo III- pues se trata del mismo ser, aunque no tenga aún sus potencialidades desarrolladas, como tampoco las tiene patentes una persona que está inconsciente en cuidados intensivos o incluso el que simplemente duerme. El hombre es un ser personal, y la existencia de este ser personal comienza en la concepción.

Entrando ya en materia en cuanto a los anticonceptivos, el más usado en España es el preservativo, evidentemente no abortivo (ver tabla). Tampoco lo son la ligadura de trompas, la vasectomía, ni el fallido coitus interruptus. Por supuesto, el recurso al reconocimiento de los períodos fértiles no es tampoco abortivo. Hablaremos a continuación del resto:

Uso de anticonceptivos en mujeres en edad fértil en España. Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva, Sociedad Española de Contracepción. Tomado de http://officialpress.es/asi-es-el-uso-de-metodos-anticonceptivos-en-espana-por-el-dr-ezepacopc/

El siguiente anticonceptivo más usado es la famosa "píldora", de la cual se conocen muchos de sus efectos sobre el endometrio. Esta, como la mayoría de anticonceptivos hormonales, actúa principalmente inhibiendo la ovulación. También modifica la fluidez y calidad del moco cervical y vaginal, lo que afecta a la capacidad de los espermatozoides para llegar hasta el óvulo. Como estos son efectos que se pueden investigar y cuantificar directamente, es posible determinar aproximadamente la frecuencia de fallo del efecto anovulatorio con cada anticonceptivo. Además, esto habrá que combinarlo con la capacidad de cada uno para inhibir el paso y la función de los espermatozoides. En esos casos de fallo de ambas barreras para la fecundación, cabría esperar la misma probabilidad de embarazo que en mujeres que no usan anticonceptivos. Si los embarazos esperados teniendo en cuenta todo esto, se cotejan con los reales en mujeres que usan anticonceptivos, se podría estimar la frecuencia de abortos con cada anticonceptivo.

Algo similar, aunque incluyendo algunos factores más de complejidad, es abordado por Agulles Simó en una interesante revisión sobre el efecto abortivo de los anticonceptivos, publicada por Cuadernos de Bioética en 2015. Los anticonceptivos más potencialmente abortivos son precisamente aquellos que más fallan en evitar la ovulación, lógicamente, pues eso da curso a la actuación de mecanismos posteriores. Según las estimaciones, se obtuvo lo siguiente:

- Píldora habitual (estrógeno más progestágeno): podría producir un aborto por cada 11 años de uso. 

- Anillo vaginal y parches con estrógeno más progestágeno: tendrían prácticamente el mismo efecto que la píldora (1 aborto cada 11 años), ya que la absorción de estrógeno y progestágeno a sangre es similar. 

- DIU: su potencial abortivo es mucho mayor, algo ya generalmente reconocido. Su efecto es principalmente producir una reacción inflamatoria que dificulta el paso y activación de los espermatozoides, pero también dificulta la implantación cuando lo primero falla. El potencial abortivo estaría en torno a 1 aborto embrionario anual (caso del DIU con levonorgestrel) o uno cada dos años en el caso de la "T" de cobre. 

- Mini-píldora (progestágeno solo): alto potencial abortivo, ya que actúa principalmente cambiando la fluidez y calidad del moco y dificultando el paso a los espermatozoides, pero esto también falla a veces, y su inhibición de la ovulación es muy incompleta. Su potencial abortivo estaría en torno a 1 aborto por cada año de uso.

- Inyectables e implantes de progestágeno: tienen un efecto similar a la minipíldora y se estimó un potencial abortivo de 1 aborto por año de uso, con la excepción del implante de acetato de medroxiprogesterona.

- Implante de acetato de medroxiprogesterona: lo mencionamos aparte, puesto que causa tal inhibición hormonal que prácticamente impide por completo la ovulación. Por consiguiente, su potencial abortivo estimado sería prácticamente nulo.

Por tanto, nos encontramos tres grandes grupos: Abortivos muy frecuentes serían la minipíldora, implantes o inyectables de progestágeno (excepto acetato de medroxiprogesterona) y los diversos DIU. Abortivos de menor frecuencia son la píldora habitual, el anillo vaginal y los parches, que contienen estrógeno más progestágeno. No abortivos son los métodos de barrera, la esterilización quirúrgica y el implante de acetato de medroxiprogesterona, aparte obviamente del reconocimiento de la fertilidad (métodos naturales).

 Aunque la frecuencia abortiva estimada con la píldora, el anillo o los parches de estrógeno más progestágeno es baja, más del 20% de las mujeres en edad fértil utilizan este método durante años. En España (INE Julio 2015) hay 8.564.899 mujeres en edad fértil. El 26,2% usan anticonceptivos de estrógeno más progestágeno; si sufren un aborto embrionario por cada 11 mujeres x año de uso, obtenemos 204.778 abortos embrionarios anuales, cifra que duplica la de abortos provocados deliberadamente, ya sea de forma quirúrgica o con la píldora abortiva.

 Consideración completamente aparte merece el recurso al reconocimiento de períodos fértiles (conocido como "métodos naturales"). Este, muy eficaz con los nuevos métodos (Billings, Sintotérmico, Creighton), con una tasa de disminución de embarazos similar al DIU y superior al preservativo, presenta la ventaja de que respeta la integridad de cada acto sexual y de la donación plena corporal que constituye la realidad esponsal del acto sexual. Los nuevos métodos, que reconocen la fluidez del moco cervical, ya sirven también para mujeres con ciclos poco regulares; quedaron atrás los métodos anteriores como el de la temperatura o el Ogino-Knaus/ritmos/calendario). Requiere un aprendizaje,
pero se ha utilizado con éxito en poblaciones poco instruidas de zonas campesinas de China o en tribus indígenas americanas. Aunque requiere una abstinencia durante 5-6 días, las parejas que lo usan refieren incluso una mejora de su relación sexual y personal. Conducen a un verdadero respeto y empoderamiento positivo de la mujer, al adquirir un conocimiento sobre sus ciclos corporales y su fertilidad que el varón precisa respetar. Por supuesto, carece de los riesgos y efectos psicológicos de una amputación virtualmente irreversible como es la esterilización quirúrgica, de los riesgos de los DIU (hemorragias y perforaciones incluidas) y de las reacciones adversas de los anticonceptivos hormonales (dolores de cabeza, gástricos, tromboembolismo, infarto e ictus isquémico -especialmente en fumadoras, hipertensas, etc.-, hemorragia cerebral, embarazo ectópico, etc.) que, aunque en los casos graves y mortales sean relativamente poco frecuentes, en la práctica vienen afectando a gran número de mujeres, dado el amplio uso poblacional durante años. Además, es totalmente reversible y no causa los desarreglos hormonales que pueden condicionar una reducción de la fertilidad o incluso esterilidad de la mujer cuando deja el método y quiere quedarse embarazada, situación a menudo agravada por la edad. Finalmente, es el más económico de los métodos fiables, aunque en ocasiones puede recurrirse también al uso de máquinas de venta en farmacias que analizan la orina y reconocen la fertilidad cada día; en tal caso si existe un gasto habitual.

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