El "reto irresoluble" del abortista (respuesta a Patrick Thomlinson)

Un defensor del aborto ha planteado en las redes el siguiente reto, que dice que ningún provida le puede contestar. Mostraré más adelante que no sólo se puede contestar, sino que realmente lo hemos contestado ya muchas veces.

EL DILEMA de Mr. Thomlinson

"Cada vez que aparece el tema del aborto, tengo una cuestión que he estado preguntando desde hace diez años sobre la frase tan repetida: "la vida comienza en la concepción". En diez años, nadie la ha respondido NUNCA honestamente. Es un escenario simple con dos resultados. Nadie quiere elegir uno, porque la respuesta correcta destruye su argumento. Y HAY una respuesta correcta, que es la razón por la cual la multitud pro-vida odia la pregunta.

Aquí está. Estás en una clínica de fertilidad. Por qué no es importante La alarma de incendio empieza a sonar. Corres hacia la salida. Mientras corres por el pasillo, oyes a un niño gritando detrás de una puerta. Abres la puerta y encuentras a un niño de cinco años que pide ayuda. Está en un rincón de la habitación. En la otra esquina, ves un contenedor congelado etiquetado como '1000 embriones humanos viables'.

El humo está subiendo. Empiezas a ahogarte Sabes que puedes agarrar uno o el otro, pero no los dos, antes de sucumbir a la inhalación de humo y morir, sin salvar a nadie.

¿Usted A) salva al niño, o B) salva los mil embriones? No hay 'C.' 'C significa que todos mueren.

En una década de discusiones con personas antiaborto sobre la definición de vida humana, nunca obtuve una sola respuesta directa A o B a esta pregunta. Y nunca lo haré Nunca responderán con sinceridad, porque todos entienden instintivamente que la respuesta correcta es 'A'.

Un niño humano vale más que mil embriones. O diez mil. O un millón. Porque no son lo mismo, ni moralmente, ni éticamente, ni biológicamente. Esta pregunta contiene sus argumentos, y su negativa a responder confirma que saben que es verdad.

Nadie, en ningún lugar, realmente cree que un embrión es equivalente a un niño. Esa persona no existe. Te están mintiendo. Te mienten para tratar de evocar una respuesta emocional, una respuesta paterna, utilizando una equivalencia falsa.

Nadie cree que la vida comienza en la concepción. Nadie cree que los embriones son bebés o niños. Los que lo dicen intentan manipularte para poder controlar a las mujeres. No les dejes. Usa esta pregunta para ponerlo de manifiesto, para revelar lo que son. Exije que contesten tu pregunta, y cuando no lo hagan, pon en su lugar esa gran P escarlata del Patriarcado. Fin".


RESPUESTA: salvaría al niño

Voy a responder a la pregunta, poner de manifiesto que tiene dos trampas escondidas, y finalmente, mostrar que los provida llevamos años respondiendo a esa pregunta

La respuesta es A) yo salvaría al niño. Es lo que me dice mi conciencia íntima, eso que todos tenemos y, que si no la hemos deformado, nos muestra lo que está bien y lo que está mal. La misma que nos causa rechazo cuando vemos un vídeo de aborto, y que tratamos de tapar con inútiles argumentos abortistas ("no es nada, no es humano, la mujer tiene derecho...").

TRAMPA 1: son embriones congelados

El Sr. Thomlinson, quizá sin darse cuenta, no pone un ejemplo con embriones que están en el seno materno, sino congelados. Vienen de un proceso de fecundación fuera del cuerpo de la madre; una vez hecho este acto malo, su situación no tiene una salida buena. Descongelarlos e implantarlos en el útero materno es continuar un proceso de manipulación del ser humano. Nuestra conciencia percibe que existe algo inaceptable en ese proceso, frente a la opción puramente buena de salvar a un niño.

Para evitar esta trampa, imaginemos un caso similar, pero con embriones no congelados:

Es esta: se ha extendido en una localidad una enfermedad vírica mortal. Se ha infectado un niño de 5 años y mil mujeres embarazadas. Las mujeres no se ven afectadas, sólo sus hijos en estado embrionario y el niño de 5 años, que morirán todos si no les administras el antídoto. Por desgracia, sólo tienes 100 mL de suero antídoto, que se necesita todo para salvar al niño, pero que sería suficiente para salvar a los 1000 embriones, que requieren mucha menos dosis (0,1 mL). ¿A quién salvarías? A) al niño de 5 años; B) a los mil embriones.

Ahora mi respuesta es la B. Ya mi conciencia íntima no percibe ese problema intrínseco a los embriones congelados, y reacciona decantándose por salvar mil vidas humanas, que es el bien mayor, aunque desde luego la situación es tremenda y muy dolorosa.

Un problema real relacionado con este se abordó cuando se quiso salvar a los miles de embriones "sobrantes" de la fecundación in vitro, que son seres humanos. Entre los provida se llegó a proponer adoptarles, mediante mujeres que se ofrecieran a recibirles en su seno, darles a luz y  criarles en familia, pero se concluyó que no era una buena solución, aunque se les salvara la vida. Puesto que mantener seres humanos congelados es un abuso a su dignidad, sería preferible descongelarlos y dejarlos morir, ya que su situación no tiene solución aceptable. Esta opción se refiere en una nota de la Conferencia Episcopal Española de 2003, considerando la descongelación como "mal menor", puesto que «lo bueno sería que no se hubiera dado nunca la acumulación de embriones congelados y que no hubiera que decidir ahora sobre su descongelación y sobre su destino».

TRAMPA 2: la buena ética es la ética real

La buena ética es la ética que se aplica a casos reales, porque es en la realidad donde se muestra la Providencia de Dios. No es casualidad, por ejemplo, que cuando la mortalidad infantil ha bajado tanto, y muchas familias podrían tener decenas de hijos vivos, hemos descubierto el reconocimiento de los períodos fértiles, que nos permiten limitar situaciones difíciles sin recurrir al mal de los anticonceptivos, que pervierten la unión de los esposos. No es casualidad que cuando se ha expandido el virus del SIDA, el rechazo al preservativo en favor de la abstinencia o fidelidad, haya sido lo que realmente ha controlado el SIDA en África (Uganda, Kenia), mientras que las política expansivas del preservativo han colaborado a difundirlo.

Y no es casualidad que los abortistas recurran a menudo a casos imaginarios para mostrar lo bueno y necesario que es el aborto. No son casos reales, son casos deformados o imaginarios. Tampoco se les ocurre enseñar una foto o un vídeo de un aborto y decir: "mira qué bonito, qué bueno para la mujer", porque eso haría reaccionar la conciencia íntima, la misma que reacciona ante este dilema trucado.

Cuando uno recurre a casos imaginarios, es porque la realidad no le acompaña, y se los tiene que inventar. Y se los inventa de forma torticera para hacer parecer lo que uno quiere, con apariencia de "defensor de los derechos de las mujeres". En este caso, el defensor es el verdadero manipulador, aquél que quiere hacer parecer que, para que la mujer pueda ser libre, debe tener derecho a eliminar a sus propios hijos. Es tan absurdo que se cae por su peso, y hay que recurrir a dilemas tramposos para justificarlo.

Que la única ética buena es la ética real, lo vieron muy claro el gran investigador francés Jerôme Lejeune y San Juan Pablo II cuando crearon la Pontificia Academia Provida. Lejeune se dio cuenta de que, para proponer una buena ética, la Iglesia necesitaba el máximo conocimiento científico y profesional de la realidad de los casos que se presentaban en la práctica. La mayoría de los patinazos que, incluso con buena intención, se producen en cuestiones éticas, es por decidir sobre condiciones ideales, irreales, y no sobre la realidad que se presenta en el día a día.

Para revertir esta trampa del caso del incendio, de Patrick Thomlinson, podemos acudir a un caso real: existen enfermedades hematológicas graves que afectan a niños y que pueden ser mortales. Algunos casos muy aislados pueden solucionarse mediante la donación de médula de un hermano compatible, paro eso no es fácil Por tanto, lo que se ha hecho ya en varias ocasiones es realizar un fecundación in vitro, generando muchos embriones en laboratorio y haciéndoles la prueba de compatibilidad. Cuando se encuentra a uno genéticamente compatible, se le implanta a la madre del niño enfermo, y luego, cuando el niño ha nacido, se hace el trasplante de médula (éste no muere, obviamente, sino que sigue viviendo con normalidad). Esto es lo que se conoce como "bebé medicamento". Este sí es un caso real que enfrenta el valor de la vida de un niño ya crecido con el de varios embriones... y los "provida" llevamos respondiéndolo mucho tiempo.

 RESPUESTA PROVIDA AL DILEMA REAL

En este caso, los "provida" llevamos mucho tiempo respondiendo "no" a los bebés medicamento. No, porque se separa el acto de amor de los esposos de la concepción, lo cual es contrario a su dignidad. No, porque se instrumentaliza a un ser humano, al que se le hace nacer para salvar a su hermano. Pero "no" también, porque para salvar a un niño, se hace morir a decenas de sus hermanos en estado embionario, que no han resultado compatibles para el trasplante. Respuesta dada durante años, Mr. Thomlinson.

CONCLUSIÓN

Hemos comprobado cómo si hay respuesta, a pesar de que el caso contiene dos trampas o problemas para confundir a la conciencia. Hemos visto cómo este dilema se debe responder a favor de la conciencia íntima que todos tenemos, y que cuando no está deformada nos ayuda a ver la verdad ética de los actos, sin que necesitemos ser filósofos eruditos para distinguir el bien del mal. Y hemos visto cómo cuando a uno no le acompaña la realidad, necesita recurrir a inventos para engañar a su propia conciencia y a la de los demás.

Sr. Thomlinson, déjese de juegos de niños y enseñe a sus discípulos y a sí mismo una foto de un aborto de 10 semanas. Esa es la realidad. Luego, hable con las mujeres que han abortado, y que le digan lo bien y lo libres que se sienten. A continuación, podría conocer a mujeres que han sobrevivido de milagro a un aborto en el seno materno, porque sus madres quisieron abortarlas, y explíqueles usted por qué el aborto es una liberación para la mujer. Finalmente, antes de disparar su imaginación, piense dónde estarían usted y su imaginación si su madre le hubiera abortado cuando era usted un embrión. Esa es una pregunta real, sencilla y sin trampa, para que usted pueda contestar ahora si es justo pretender para los demás lo que no le habría gustado que le sucediera a usted mismo.

Esa es una regla de oro de la ética: Trata a los demás como te gustaría ser tratado o, al menos, no quieras para los demás lo que no quieres para ti.







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